Estructuras del diencéfalo

El diencéfalo designa la zona entre el tronco cerebral y el cerebro. Su núcleo, el tálamo, actúa de "puerta de la conciencia". A menudo se comporta de forma caprichosa.
gehirn & geist / MEGANIM
El término tálamo, de suave sonoridad, deja entrever la belleza vocálica del griego clásico. El concepto es mucho más antiguo. En el Egipto de los faraones designaba el vestíbulo de un templo. Los primeros anatomistas denominaron tálamo a un estrecho hueco, lleno de líquido cefalorraquídeo, sito en el centro del diencéfalo. Hoy llamamos a esa hendidura­ ­ventrículo cerebral; para los puristas, tercer ventrículo cerebral.
Hasta hace escasas centurias, creíase que el líquido de esa cavidad portaba las funciones cerebrales. Dominaba la opinión de que ese «humor» confluía, desde todas las partes del encéfalo, en el tálamo. Por eso, René Descartes (1596-1650) y otros estudiosos del cerebro situaron en esa región la sede del alma, que desde allí encauzaba los humores. En su tiempo se asociaba el cerebro a una bomba hidráulica, que regulaba el espíri­tu a través de la presión del líquido.
Desde la segunda mitad del siglo xvii, sin embargo, fue ganando terreno la relevancia del cerebro: pasó de las cavidades al tejido nervioso. Con ello, el tálamo (o lo que entonces se entendía por tal) también cayó del pedestal, y el término empezó a designar las paredes laterales del tercer ventrículo. El diencéfalo en su conjunto comenzó a ser considerado lo que era, la antecámara del cerebro.

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