La sobrecarga de la extranjería

Los inmigrantes sufren delirios y otros trastornos psicóticos con frecuencia mayor que los autóctonos. Por fin, empiezan a investigarse sus causas.
John Akello, obligado hace treinta años a abandonar su país del este africano, vive amedrentado. En cuanto llega a la puerta de su modesto piso en Mainz empieza a oír voces. No las entiende, pero adivina de qué hablan. De hacerle daño. Piensan matarlo. Ha cambiado varias veces la cerradura. Pero sigue intranquilo. Sus enemigos le envían rayos invisibles, que destruirán su corazón y su cerebro. Entra en casa convencido de que la han registrado. Cree que lo quieren envenenar poco a poco; por eso se somete siempre a un análisis de sangre cuando visita al médico.
Pero el problema está en otra parte. John Akello padece esquizofrenia, una patología que afecta al uno por ciento de la población mundial, aproximadamente. No se reparte por igual, sino que ciertos grupos de población corren un riesgo mayor; así, quienes viven en grandes ciudades, las personas con ingresos bajos y, según investigaciones recientes, los emigrantes. A ese resultado llegan Kristina Sundquist y sus colegas, del Instituto Karolinska de Estocolmo, que a principios de 2006 presentaron los resultados de un vasto estudio epidemiológico.

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