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Esteban L., Gerona: En el número 93 de la revista Mente y Cerebro se explica el proyecto que se llevó a cabo en Islandia para reducir el consumo de alcohol y otras drogas entre los adolescentes [«El experimento islandés», por Emma Young]. Creo que la iniciativa está muy bien, pero pienso que el Gobierno no debe imponer normas restrictivas que coarten la libertad de los jóvenes, como establecer una hora máxima para estar en la calle. Pienso que debe ser, sobre todo, la familia, así como la escuela y el entorno social los que normalicen las conductas sanas y prevengan las nocivas. Pero muchos adultos no predican con el ejemplo; además, los niños y adolescentes no reciben la información suficiente para saber las consecuencias fatales que pueden tener la bebida y las drogas para su vida y desarrollo cerebral. También recomendaría que en las escuelas se ofrezca formación que impulse el autoconocimiento y la autoestima de los jóvenes.

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