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Actualidad científica

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  • Enero/Febrero 2019Nº 94

Evolución

El origen cultural de la cognición numérica

Nuestra capacidad para el manejo de los números va más allá de la habilidad innata para discriminar cantidades de objetos. Surge a partir de la cultura y el lenguaje.

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El panel informativo de mi ordenador indica que son las 11:31 AM y que la batería está cargada en un 78 por ciento. Me hallo en un local en la ciudad estadounidense de San Diego, donde sirven cafés en tazas de 12 y 16 onzas con precios que varían entre 2,25 y 5,50 dólares. Mientras bebo mi cappuccino, el teléfono móvil me indica que la temperatura es de 24 grados centígrados, la humedad del aire de un 63 por ciento y que la probabilidad de que llueva es menor del 1 por ciento. En la mesa contigua, una persona lee el periódico. En la página 18 se informa de que el valor de 1 euro para ese día es de 1,19 dólares.

Esta escena rutinaria, aunque en apariencia simple, ilustra una cotidianidad más compleja: los números forman parte de nuestras vidas. Los usamos para expresar cantidades, para medir distancias, volúmenes y temperaturas, así como para cuantificar el tiempo y el valor de las cosas. Con ellos también determinamos los vencedores de las competiciones deportivas y elegimos a nuestros líderes políticos. Mediante los números calculamos hasta los más ínfimos detalles de nuestra vida y nos servimos de ellos para construir uno de los edificios conceptuales más gigantescos jamás creados: la matemática. Pero ¿qué son los números? ¿De dónde vienen? Durante siglos, filósofos y pensadores se han abocado a estas cuestiones.

Platón postuló que los números residen en un mundo inmaterial de ideas; otros pensadores han afirmado que son un don divino, y, en fecha más reciente, en el frío mundo de la matemática pura, se ha dicho que no son más que entidades estrictamente formales carentes de significado. Pero para los científicos interesados en hallar explicaciones basadas en el mundo natural, estas propuestas no resultan satisfactorias. En los años treinta del siglo pasado, el matemático Tobias Dantzig (1884-1956) habló del poderoso y omnipresente sentido de número que poseemos los humanos, el cual proporciona sólidos cimientos para la construcción de la matemática. Pero ¿en qué consiste ese sentido? ¿Dónde se origina? ¿Qué es?

La investigación en cognición numérica se encarga de estudiar estas cuestiones. Un enfoque influyente que defienden muchos científicos desde la neurociencia cognitiva, la psicología del desarrollo y la cognición animal propone que los humanos y otras especies poseemos una capacidad específica para tratar con números que habría evolucionado biológicamente gracias a la selección natural: los individuos que podían discriminar fuentes de nutrición con mayor cantidad de comida habrían jugado con ventaja. Esta propuesta «innatista» parece sólida, consistente y atractiva, puesto que relaciona de forma directa genes, cerebro y mente con facultades humanas como la abstracción, la precisión y la funcionalidad cognitiva. Pero ¿han estado los números codificados en nuestros genes durante millones de años? ¿Son los números simples percepciones de cantidades? Nuevos análisis conducen a reconsiderar este planteamiento y a generar nuevas propuestas.

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