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1 de Enero de 2019
Neurociencia

En sintonía con el bebé

El nacimiento del primer hijo cambia súbitamente la vida: noches de insomnio, tardes en pijama y apenas pausas para tomar aliento. La capacidad de salir airosos de esta situación la han de agradecer los padres a ciertas reestructuraciones en el cerebro.

Una simple mirada al bebé dormido estimula el sistema de recompensa en el cerebro de la madre hasta el punto de olvidar rápidamente las penosas noches que le hizo pasar. [Getty Images / Solstock / iStock]

En síntesis

En el período posparto, el cerebro materno se reorganiza orientándose por completo al cuidado del lactante. La hormona oxitocina sensibiliza los centros de la motivación y de las emociones ante las señales del niño.

La estructura del tejido nervioso también se trasforma. Durante el embarazo, disminuye el volumen de la sustancia gris en algunas áreas de los lóbulos frontal y temporal. Posiblemente, desaparecen allí sinapsis superfluas.

Según se ha observado en animales, en el cerebro de los progenitores se refuerzan las conexiones nerviosas que reaccionan a la oxitocina y a la vasopresina. Ello favorece, sobre todo en el padre, la dedicación al hijo.

Pocas semanas después del nacimiento de mi primer hijo, me sorprendí a mí misma en la cola de la caja del supermercado meciendo un paquete de mantequilla como si quisiera que se durmiera. Con suaves movimientos empujaba el carro de la compra hacia delante y atrás, hasta que en algún momento paré en secó avergonzada y con la esperanza de que nadie me hubiese visto.

De pequeño, mi hijo era uno de esos niños que, por cualquier motivo, se despertaba de inmediato; por ejemplo, cuando el cochecito se detenía. Por esa razón, estaba acostumbrada a continuar moviéndolo constantemente, hacia delante y hacia atrás, cuando el semáforo estaba en rojo o cuando tenía que esperar en la cola de la caja registradora. Este movimiento casi había pasado a formar parte de mi vida.

Durante las primeras semanas y meses después del parto, la mayoría de los padres se encuentran en una especie de «modo bebé»: todas las actividades diarias se centran en el niño, los pensamientos giran en torno a él, y el papá y la mamá lo hacen todo para que se encuentre satisfecho y feliz. Por otra parte, los recién nacidos no conocen ninguna clase de ritmo de sueño-vigila: quieren tomar leche cada dos o tres horas y no aceptan ningún tipo de demora. Sus estridentes gritos logran que incluso los padres más agotados se despierten de un sobresalto.

Por motivos extraños, a muchos padres no les importa demasiado levantarse por la noche, darles el pecho o el biberón y cambiarles los pañales. A la mañana siguiente, como muy tarde, la visión de su bebé plácidamente dormido hace que las molestias nocturnas queden olvidadas. ¿Cómo es posible?

Al parecer, el cerebro se adapta a los nuevos desafíos. La naturaleza ha dispuesto que los padres recién estrenados estén constantemente preocupados por el bienestar de su hijo, aunque se encuentren al límite de sus capacidades. Al fin y al cabo, durante sus primeros años, el lactante se halla completamente desvalido, por lo que sin una intervención de los progenitores no podría sobrevivir durante mucho tiempo.

Los cambios que experimenta la mujer hasta convertirse en madre a tiempo completo tienen lugar ya durante el embarazo y las primeras semanas después del parto. A lo largo de este tiempo, el organismo femenino se ve invadido por un combinado de hormonas, entre ellas, la oxitocina, hormona de la confianza y del apego, los estrógenos y la prolactina, que estimula la producción de leche en las mamas. Determinadas áreas del cerebro disponen de receptores para estas hormonas. Una de estas regiones es el hipotálamo, alojado en el diencéfalo, que rige importantes funciones vegetativas, entre ellas el sueño y el hambre. Una subregión, el área paraóptica medial (APOm), podría participar de forma decisiva en los ciudados que los padres dedican a su hijo. Se ha visto que si se extirpa esta área en las ratas que acaban de parir, inmediatamente dejan de atender a sus crías.

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