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  • Enero/Febrero 2019Nº 94
Encefaloscopio

Suicidio

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La altitud golpea el ánimo

Las personas que viven en regiones elevadas presentan más casos de depresión; al parecer, por un déficit en serotonina

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Ya se sabía que el lugar de residencia influye en la probabilidad de sufrir depresiones y tendencias suicidas. Un reciente metanálisis llevado a cabo por investigadores del montañoso estado de Utah ha revelado un factor que apenas se había tenido en cuenta hasta ahora: la altitud del lugar.

El psiquiatra Brent Kious y su equipo analizaron doce estudios sobre la cuestión publicados en todo el mundo. En ellos, la altura sobre el nivel del mar de una población repercutía en la tasa de suicidios. Algunos hallazgos también revelaban que cuanto mayor era la altitud de un estado de Estados Unidos, más aumentaba el número de suicidios. Este fenómeno no se podía explicar por factores demográficos o por el deficiente acceso a la atención psiquiátrica de las zonas montañosas. La tendencia a la depresión también se incrementaba en las regiones elevadas, aunque esta relación quedaba menos clara.

Los investigadores sospechan que la explicación de estos hallazgos se halla en la hipoxia crónica, es decir, un déficit de oxígeno en el cerebro, ya que en las regiones de mayor altitud el aire es más pobre en oxígeno. Algunas pruebas en las cámaras de presión que usan los alpinistas para preparar las expediciones muestran que los casos de ansiedad y depresión aumentan tras el entrenamiento. El metanálisis también revela que las personas que habitan a gran altitud poseen una menor saturación de oxígeno en sangre y que, a largo plazo, su organismo no puede compensar dicho efecto.

El oxígeno en sangre, entre otros factores, es necesario para producir serotonina, un neurotransmisor cuyo déficit desempeña un importante papel en la ­depresión. Kious y sus colegas sugieren que ante la sospecha de que la hipoxia es la causa de un trastorno ­depresivo, pueden ayudar los medicamentos que ­refuerzan el metabolismo de la serotonina.

Fuente: Harvard Review of Psychiatry, vol. 26, págs. 43-56, 2018

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