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1 de Enero de 2019
Psicología

«La psicología se puede considerar pionera»

Numerosos experimentos ­psicológicos no pueden reproducirse con resultados semejantes a los originales. Ello ha provocado un debate sobre la calidad de la ­investigación y ha impulsado movimientos como la Colaboración para la Ciencia Abierta.

Klaus Fielder es catedrático de psicología social en la Universidad de Heidelberg. Entre sus campos de investigación se encuentran la conexión entre emoción
y cognición, las distorsiones del juicio, así como los métodos de investigación. También es miembro de la Academia Alemana de Naturalistas Leopoldina
y ha recibido por sus trabajos, entre otros, el Premio Leibniz y el Premio Alemán de Psicología en el año 2000. Susann Fielder es doctora en psicología y trabaja en el Instituto Max Planck para la Investigación de los Bienes Comunitarios en Bonn. Allí dirige un grupo que investiga sobre la economía conductual y la toma de decisiones. Además, es embajadora del Centro de Ciencia Abierta, entidad sin ánimo de lucro que promueve la accesibilidad pública a las investigaciones. [Philipp Rothe]

Si hubiera que fijar un punto de inflexión en la historia más reciente de la psicología, este sería probablemente el año 2011. En septiembre de ese año se descubrió que el psicólogo social holandés Diederik Stapel (hasta entonces un respetado y muy citado investigador) había incurrido en una grave mala conducta científica: con regularidad inventaba registros de datos completos para justificar sus teorías. Hasta hoy, casi sesenta de sus publicaciones han tenido que retirarse, muchas de ellas dadas a conocer en prestigiosas revistas científicas y con gran eco en los medios de información general.

El caso Stapel fue un escándalo; su caída, extrema. Pero en octubre de 2011, un equipo de psicólogos dirigido por Joseph Simmons, de la Universidad de Pensilvania, publicó un análisis que demostró con qué facilidad puede justificarse cualquier fenómeno mediante dudosos aunque extendidos métodos de investigación. En su experimento, quien escuchaba la canción de los Beatles When I’m sixty-four indicaba una edad inferior en comparación con los participantes que habían oído a través de los auriculares una pieza instrumental anónima. Es decir, los datos de los científicos apoyaban la increíble hipótesis de que escuchar música sobre la vejez puede hacernos sentir más jóvenes.

Según Simmons y los otros dos autores del trabajo, uno de los trucos consiste en comprobar una y otra vez durante la recogida de datos si se tienen resultados significativos, es decir, estadísticamente importantes y, en ese caso, detener el estudio. Una encuesta publicada en 2012 entre más de 2000 psicólogos indicó que al menos una quinta parte de los investigadores había procedido de esa manera en alguna ocasión. Otras técnicas se mostraron bastante más extendidas: entre ellas, informar solo sobre investigaciones que han transcurrido como se ha previsto, pasar por alto ciertas manipulaciones experimentales, o no incluir parte de los datos en los cálculos para obtener mejores resultados.

En noviembre de 2011, bajo la dirección del psicólogo social Brian Nosek, de la Universidad de Virginia, los científicos se reunieron y plantearon un proyecto inédito hasta entonces para repetir es­tudios de todo el mundo. Los resultados, presentados en 2015, fueron desilusionantes: numerosos experimentos psicológicos no pudieron volverse a demostrar sin más, o, en jerga científica, los experimentos no pudieron replicarse.

Todo ello desembocó en un debate sobre la calidad en la investigación que continúa abierto. ¿Ha entrado la psicología en crisis? ¿O se trata de un proceso científico normal de autocorrección? Para contestar estas preguntas, pedimos al psicólogo social Klaus Fiedler, de la Universidad de Heidelberg, que conversara sobre el tema con la psicóloga Susann Fiedler (a pesar del apellido, no son parientes), del Instituto Max Planck para la Investigación de Bienes Colectivos en Bonn.

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