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1 de Septiembre de 2012
Neurociencia

Caída en barrena

La depresión y la drogodependencia se realimentan entre sí mediante la alteración de un mismo circuito neuronal.
© Dreamstime / Evgenyatamanenko
Se sabe que las afecciones del ánimo, como la depresión, elevan el riesgo de abuso de drogas. Pero en opinión de Eric J. Nestler, de la Escuela de Medicina Monte Sinaí, hay cada vez más indicios de que el abuso de sustancias también torna a los individuos más vulnerables a la depresión y a los efectos negativos del estrés. Nestler y su equipo aportaron nuevos detalles sobre la relación entre depresión y abuso de drogas en Neuron, en agosto de 2011.
Para remedar el abuso crónico en humanos, los investigadores administraron diariamente cocaína a ratones durante una semana. Observaron que estos mostraban comportamientos reminiscentes de depresión con mayor frecuencia que los no drogados tras ser sometidos a estrés social por intervención de un ratón agresivo e intimidante. Los ratones drogados se volvieron letárgicos y refractarios a interactuar con otros individuos antes de lo que es normal en el estrés «por derrota social», una técnica empleada de forma habitual para estudiar la depresión en múridos.
El grupo de Nestler halló, además, que la cocaína provocaba las mismas alteraciones moleculares observadas en el núcleo accumbens (una región de recompensa) de ratones proclives a estrés y depresión. En concreto, esos ratones exhibían menores concentraciones de una molécula que supervisa la actividad de ciertos genes y mantiene bajo control la actividad de al menos uno de los circuitos de señalización.
Al elevar o rebajar de forma artificial la concentración de la molécula reguladora en el núcleo accumbens, los científicos lograron inducir o proteger a los ratones frente a la depresión. Ese efecto lleva a sospechar que las variaciones en esa región producen depresión, sin que se trate de meros efectos secundarios de la misma.
La verificación de tales cambios en el cerebro humano en­traña mayor complejidad, claro está. El equipo halló bajas concentraciones de los mismos componentes genorreguladores en muestras extraídas de fallecidos con diagnóstico de depresión, lo que apunta a que las personas con trastorno depresivo también podrían experimentar alteraciones de señalización en dicha región del cerebro.
De ser así, esos hallazgos podrían orientar sobre por qué los casos de drogodependencia y depresión quedan, a veces, fuera de control: la depresión inducida por drogas aumentaría la probabilidad de abusos posteriores, del mismo modo que una depresión natural.

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