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1 de Septiembre de 2012
Neurolongüística

En otro idioma

Memorizar el vocabulario y estudiar la gramática de una lengua extranjera implica con frecuencia un esfuerzo agotador, en especial durante la adultez. ¿Qué sucede en el cerebro cuando adquirimos un idioma foráneo?

© istockphoto / HASLOO

En síntesis

El cerebro procesa de distinta manera un idioma extranjero aprendido en edad adulta que la lengua materna.

La diferencia se manifiesta, sobre todo, en la gramática. El procesamiento de significado de palabras, en cambio, resulta similar en ambos idiomas.

Diversos modelos neurolingüísticos explican la diferencia entre sintaxis y semántica; sin embargo, no tienen en cuenta todos los aspectos fisiológicos del cerebro que se dan en el multilingüismo.

Este artículo forma parte de la serie de MyC «Psiconeurología del habla».

Pablo, de cinco años, encuentra que los coches son cool. Sus padres se preguntan de dónde ha sacado de pronto esa expresión inglesa, aunque una cosa saben con certeza: su hijo absorbe como una esponja todas las palabras que le suenan interesantes, ya sean del idioma materno, ya provengan de una lengua extranjera.

Los niños pequeños repiten palabras nuevas y aplican reglas gramaticales novedosas sin gran esfuerzo. En cambio, cuando un adulto quiere aprender un idioma, salta a la vista cuan arraigado se encuentra el propio sistema lingüístico. Del mismo modo, resulta sorprendente que una persona sea capaz de aprender dos o más idiomas, aunque para ello deba esforzarse. ¿Cómo se las apaña el cerebro para manejar distintas lenguas sin mezclarlas constantemente? ¿Por qué quienes poseen facilidad para los idiomas se expresan en las distintas lenguas sin mayor problema?

En el planeta conviven entre 6000 y 7000 idiomas; alrededor de una de cada dos personas es capaz de comunicarse en dos o más lenguas. Quien ha crecido en una familia con los dos progenitores de habla materna diferente cuenta con muchos números para convertirse en un bilingüe simultáneo, en otras palabras, para expresarse con fluidez en ambos idiomas. En los años sesenta, el lingüista Eric Lenneberg (1921-1975) destacó la importancia que desempeñaba la edad a la hora de aprender una lengua. Durante la infancia existe una fase crítica o sensitiva para la adquisición del lenguaje, opinaba. Informes sobre niños salvajes, entre ellos el caso famoso de Kaspar Hauser, parecen apoyar dicha hipótesis. Hauser creció aislado, sin ningún tipo de estímulo lingüístico. Más tarde, ya apartado de su aislamiento, mostró grandes dificultades para aprender la sintaxis (construcción de frases). Sin embargo, en la actualidad no pocos investigadores ponen en duda que exista un período crítico para el aprendizaje de las lenguas, ya que no están claras las bases biológicas del período en cuestión. Pese a tales discrepancias, sí parece indiscutible que la adquisición temprana de un idioma conduce, por lo general, a un rendimiento lingüístico más elevado.

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