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1 de Noviembre de 2013
Neurociencia

El perfil neuronal del pedófilo

Numerosos acusados por abuso sexual a menores niegan su condición de pedófilo. La tomografía por resonancia magnética parece un sistema apropiado para averiguar sus preferencias sexuales.

DPA / POOL / DAVID HECKER

En síntesis

Toda persona que abusa sexualmente de un menor no tiene por qué responder al perfil de un pedófilo.

Con el objetivo de analizar si se trata de un caso de pedofilia, los investigadores presentan a los probandos estímulos sexuales. Miden la reacción del pene, su conducta atencional o la actividad cerebral.

Desde el punto de vista ético, tales procedimientos de evaluación resultan controvertidos.

No puede considerarse pedófilo a todo aquel que abusa sexualmente de un menor; también los hombres que prefieren una pareja sexual adulta pueden incurrir en dicha conducta, en compensación de la falta de relaciones con personas de su edad, entre otros motivos. Se habla entonces de abusadores sustitutivos u ocasionales. En 2001, un estudio llevado a cabo en Canadá afirmaba que solo alrededor de la mitad de los condenados por primera vez debido a abusos sexuales a menores eran realmente pedófilos.

Puede pensarse, no sin razón, que para la víctima resulta indiferente la tendencia sexual de su agresor. Entonces ¿por qué esa distinción entre pedófilos y abusadores sustitutivos? Existen dos razones principales: en primer lugar, la psicoterapia para cada perfil varía. El tratamiento dirigido a los abusadores sustitutivos se centra, entre otros objetivos, en mejorar los contactos del sujeto con personas adultas, sean mujeres u hombres. Esta estrategia caería en saco roto en los pedófilos. Los terapeutas trabajan con estos últimos unas reglas de comportamiento concretas con el fin de ayudarles a evitar los contactos con niños. Bajo ciertas circunstancias se prescriben también medicamentos que mitigan el impulso sexual.

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