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Hombres y mujeres calibran el riesgo de forma distinta

El sexo de la persona influye en la toma de decisiones. La mejor estrategia depende de lo que se halla en juego.

GETTY IMAGES / ANDERSEN ROSS

Pequeñas ganancias inmediatas o grandes recompensas a posteriori? Esta paradoja pesa sobre nuestras decisiones, trátese de una inversión financiera o de hacer régimen. En fecha reciente se ha observado que mujeres y varones se atienen a diferentes estrategias en las decisiones de este tipo.

Los investigadores se valen de juegos de apuestas para averiguar el comportamiento humano al enfrentar recompensas inmediatas con ganancias a largo plazo. En la mayoría de estas pruebas de evaluación no se aprecian diferencias notables en la forma de actuar de hombres y mujeres. A excepción del juego de azar de Iowa. Según se ha comprobado a partir de este, los hombres son más hábiles en calcular la estrategia que reportará mayores ganancias finales que las mujeres.

La prueba consiste en lo siguiente: se sitúan cuatro mazos de cartas boca abajo frente al jugador, a quien se le indica que debe ir eligiendo, de una en una, cartas del montón que prefiera. Cada una lleva anotada cierta cantidad de dinero, que puede ser de ganancia o pérdida; cada mazo tiene una secuenciación de pagos singular y exclusiva. Dos de las barajas contienen cartas que conceden grandes o frecuentes recompensas, mas si se opta por elegir con regularidad cartas de estos montones, a la larga generan pérdidas. Los otros dos mazos, aunque proporcionan sumas modestas cuando sale una cartulina ganadora, las pérdidas con el tiempo resultan menores, por lo que, a la larga, otorgan una ganancia neta a quien los elige más a menudo. La disposición de las cartas de cada baraja está cuidadosamente estudiada, con el fin de que la estrategia ganadora no resulte obvia.

Una revisión publicada en febrero de este año en Behavioural Brain Research señala que los varones se centran en la situación de conjunto, atentos a sus ganancias totales y no tardan en adivinar cuál de los mazos les proporcionará ganancias a la larga. En cambio, las mujeres propenden a fijarse en detalles como la frecuencia de beneficios y pérdidas de cada mazo, olvidando el efecto global de cada montón de cartas sobre su balance total. En otras palabras, ellas son más sensibles a las pérdidas: tienden a saltar a otro montón de cartas en cuanto sufren un revés, por lo que les resulta más difícil detectar la baraja que da la ganancia final.

Estas estrategias reflejan las diferencias subyacentes en la activación de la corteza orbitofrontal, una región implicada en la adopción de decisiones y en la correspondiente expectativa de consecuencias positivas o negativas. Las mujeres, durante la tarea, presentan mayor actividad en la porción medial de esta área del encéfalo implicada en la regularidad de pautas y en la recompensa inmediata; en cambio, en los hombres, se activa sobre todo el área superior dorsal, implicada en pautas irregulares y en recompensas a largo plazo.

«En lugar de pensar que las mujeres cometen errores en tareas de este tipo, lo que ocurre es, más bien, que están recopilando información», explica Ruud van den Bos, de la Universidad de Utrecht y autor principal del estudio. La detallada exploración de las mujeres las sintoniza mejor con los cambios. Si, por ejemplo, las reglas de ganancias y pérdidas fueran intercambiadas a media tarea, ellas se adaptarían a las nuevas pautas con mayor rapidez que los hombres. Van der Bos apunta que si bien el juego de azar de Iowa está concebido para que la estrategia a largo plazo resulte la más óptima, en este caso muestra que en decisiones en las que importa conocer los detalles, las mujeres pueden llevar la delantera.

Dado que las decisiones reales son más complejas que los juegos de laboratorio, Van den Bos resalta que ninguna de las dos estrategias es la mejor: ambas son necesarias y útiles en la vida diaria. Señala también que, en el juego de azar de Iowa, algunas mujeres actúan como hombres, y viceversa. La divisoria entre comportamientos típicamente femeninos y masculinos resulta, a menudo, borrosa. «Al desenredar lo biológico de lo social, podemos comprender cómo convertir las diferencias en ventajas», concluye.

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