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1 de Noviembre de 2013
Aprendizaje

Juegos aritméticos para la discalculia

Los científicos han desarrollado programas informáticos que ayudan a los niños con dificultades de comprensión numérica. Ello ha permitido ahondar en las bases cognitivas y neurológicas de nuestra habilidad con los números.

THINKSTOCK

En síntesis

El estudio de las causas de la discalculia ayuda a entender la capacidad numérica en los humanos.

En el cerebro existen redes neuronales específicas encargadas de las facultades numéricas. Desde un punto de vista evolutivo, el sentido para los números y las cantidades es muy antiguo.

Algunos investigadores tratan de verificar la eficacia de los programas por ordenador para el tratamiento de la discalculia.

A mediados de los ochenta del siglo pasado, Paul Moorcraft, por entonces corresponsal de guerra, viajó hasta Afganistán con un equipo de filmación para rodar un documental sobre el quinto aniversario de la invasión soviética. El viaje les llevó tras las líneas del Ejército Rojo. Los rusos atacaron todos los días. Pero los auténticos problemas empezaron después, cuando Moorcraft tuvo que facturar sus gastos, entre ellos, los transportes y la ropa para su equipo. Incluso con una calculadora, aquellas sencillas sumas le tuvieron ocupado diez veces más de lo debido. «Fue una pesadilla interminable; me pasé haciéndolas un montón de días.» Cuando por fin le envió la factura al interventor, no se dio cuenta de que había añadido un cero de más, reclamando millones de libras para una expedición que había costado un par de cientos de miles. «El interventor sabía que soy un tipo honrado, y dio por hecho que se trataba de una errata», apunta.

Para Moorcraft, los errores de este tipo han formado parte de su vida. En la actualidad es director del Centro de Análisis de Política Exterior en Londres y autor de más de una docena de libros. Lleva años sin cambiar el número de teléfono o el PIN, por temor a no recordar nunca los nuevos. Cuando trabajaba para el Ministerio de Defensa británico ponía al cuidado de subordinados la conservación de los códigos de seguridad. En 2003, una confusión al marcar un número de teléfono —una entre los varios centenares de equivocaciones que precedieron— le costó una novia, convencida esta de habérselas con un donjuán. Este suceso le convenció, por fin, de buscar una explicación al asunto.

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