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1 de Septiembre de 2018
Reseña

Bioseguridad

Dilemas del uso dual.

BIOSECURITY DILEMMAS
Dreaded diseases, ethical responses, and the health of nations
Por Christian Enemark
Georgetown University Press, Washington, 2017


Desde su invención, la técnica ha demostrado capacidad para su aplicación a fines beneficiosos, pero también a perversos o espurios. En la práctica, los beneficios de una aplicación generalizada de la mayoría de las tecnologías superan, de largo, los riesgos de un uso malévolo.

Importa distinguir la tecnología de doble uso que plantea un dilema cuando no resulta obvia la preponderancia de los beneficios sobre los riesgos asociados. En tales circunstancias, cuando entra en juego la salud de la población, debe gestionarse el acceso a esa tecnología y su uso de una manera que permita lograr más bien que mal. Por bien se entienden aquí, los beneficios que se obtienen y los daños que se evitan; por mal, los daños reales y los provechos perdidos. En el dominio de la biología molecular, el progreso espectacular alcanzado en la modificación génica en las técnicas de síntesis permite fabricar microorganismos patogénicos o volver patogénicos a microorganismos, en el laboratorio.

¿Hay valores e intereses que se contraponen en un mismo ejercicio de la bioseguridad, es decir, en la protección de las poblaciones ante enfermedades letales y epidemias infecciosas? La bioseguridad se explicita en las políticas de defensa y en el uso de armas biológicas. Aunque son numerosas las enfermedades potenciales, seis reciben prioridad absoluta en relación con la investigación, la regulación, la vigilancia y la respuesta inmediata por parte de Gobiernos y organizaciones internacionales, a saber, la pandemia de gripe, la tuberculosis resistente a los fármacos, la viruela, el ébola, la peste y el carbunco. Christian Enemark organiza Biosecurity Dilemmas en torno a las contraposiciones éticas que tales flagelos plantean: proteger o proliferar, asegurar o sofocar, remediar o potenciar, atender o desdeñar. Dilemas cuya solución requiere la incorporación de una dimensión normativa y ética.

Son muchos los países que poseen laboratorios de armas biológicas, dedicados a la investigación y mutación de patógenos, cuando no a la propia fabricación. Los Ejércitos cuentan con una sección de Estado Mayor dedicada a la defensa y a la guerra biológica. No es raro que, si las inversiones en biodefensa levantan sospechas entre regiones vecinas, estas tenderán a pensar que esa finalidad no es una defensa, sino una ofensa potencial. Ello les obliga a contrarrestarla con medidas propias y, de esta manera, iniciar una carrera en la proliferación de armas biológicas.

En otro orden de cosas, en el marco de las medidas para detener la propagación de una enfermedad infecciosa durante un brote epidémico provocado, los gobernantes no dudan en recortar derechos civiles. A menudo, el ejemplo en el que espejarse es la seguridad nuclear, pues ambas comparten la condición de ser armas de destrucción masiva. De ahí, el minucioso control del personal implicado y de las fases de desarrollo de agentes selectos, así se llama a los patógenos agresivos. Una pequeña porción de carbunco puede convertirse en toneladas, tal es su capacidad de reproducción (a diferencia del uranio enriquecido). Un trabajo de laboratorio de ese tipo puede llevarnos a crear un patógeno más idóneo para la lucha biológica, ideado para desarbolar la defensa del sistema inmunitario humano y la defensa prestada por la vacuna o el fármaco.

Pese a la convención sobre armas biológicas y la apelación a la transparencia, las naciones se muestran remisas a dar cuenta de sus arsenales. Rusia ha llegado a disponer de 40.000 a 60.000 científicos, técnicos y personal directivo; en sus arsenales se almacenan cantidades ingentes de carbunco, viruela y otros patógenos. Otras consideraciones aparte, los accidentes son inevitables, como el ocurrido en 1979 en la planta de carbunco de Sverdlovsk (actual Yekaterimburgo).

Desde hace años, se reconocen, al menos, siete tipos de experimentos con potencial armamentístico biológico: demostrar el modo de convertir en ineficaz una vacuna; conferir resistencia a antibióticos terapéuticamente válidos; potenciar la virulencia de un patógeno o tornar virulento a uno no patogénico; incrementar la transmisión de un patógeno; alterar el espectro de hospedaje de un patógeno; provocar el fracaso de un diagnóstico o detección por métodos establecidos, y transformar un agente biológico en arma de guerra.

Mediante la utilización reciente de la secuencia del genoma del virus de la gripe española de 1918 (obtenido del tejido de víctimas fallecidas hace mucho tiempo), los investigadores crearon un virus idéntico al que causó esa pandemia, la peor del siglo XX. Cuando se hizo público el trabajo, los críticos objetaron que la mera existencia del virus generaba un riesgo inaceptable (la posible liberación involuntaria o accidental entre la población humana, el robo o uso depravado del virus por un trabajador del laboratorio o la decisión de un Estado hostil de reconstruir su propia versión del virus con fines bélicos). Pero prevaleció el argumento a favor: el descubrimiento de los científicos produjo un conocimiento que resultaba útil para la preparación de una posible pandemia de gripe. La opinión pública decretó que su provecho superaba los riesgos.

Otros científicos ofrecieron una justificación similar (los beneficios superan los riesgos) más tarde. Produjeron un tipo diferente de virus de la gripe pandémica, el cual, a diferencia de la gripe española, no había aparecido nunca en la naturaleza. Dos equipos rivales, uno en Estados Unidos y el otro en Holanda, acometieron la producción del virus en cuestión. Ambos contaban con financiación de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. El equipo estadounidense, liderado por Yoshihiro Kawaoka, de la Universidad de Wisconsin en Madison, creó por ingeniería genética un virus que expresaba los genes H5N1 y H1N1 (virus de la gripe porcina de 2009), capaces de propagarse entre hurones (animal que presenta un sistema respiratorio parecido al humano). El equipo holandés, dirigido por Ron Fouchier, del Centro Médico Erasmus de Rotterdam, utilizó una combinación de ingeniería genética e infección serial de hurones para desarrollar un virus H5N1 mutante que podía propagarse entre los animales sin contacto directo. El virus mutante de Kawaoka no mató a ninguno de los hurones infectados durante el curso de la experimentación; sí lo hizo el de Fouchier. En ambos casos, no obstante, se creó un nuevo virus presumiblemente transmisible al género humano. La cuestión ética se planteó más tarde: ¿debían haberse realizado esos experimentos? ¿Superan los beneficios a los riesgos?

Los científicos implicados afirman que así es, pues el trabajo incluso beneficiaría el estudio de la eficacia de las vacunas contra la gripe y de los fármacos antivíricos.

Para Kawaoka, el juicio sobre las consecuencias potenciales de una epidemia global requiere conocer si esos virus pueden ser transmisibles. Pero también hay razones para pensar que los beneficios para la salud de la comunidad no serían tan estimulantes. Si existen vías de mutación que pudieran convertirse en pandemia humana, las ca­racterísticas genéticas de ese virus que emerge naturalmente podrían diferir de manera sustancial del creado en el laboratorio. Y por lo que respecta a la vigilancia, pudiera resultar inviable o imposible detectar a tiempo en la naturaleza una mutación vírica específica y frenar la pro­pagación del virus.

Quizá debamos convenir en que, para controlar la investigación del uso dual, debe darse una autorregulación por la comunidad científica, una regulación externa por la sociedad —Gobierno y comités nacionales de bioética—, y una combinación de los dos anteriores.

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