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  • Septiembre/Octubre 2018Nº 92
Libros

Reseña

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Ciencia y arte

En el nacimiento de la neurociencia moderna.

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CAJAL’S NEURONAL FOREST
Science and art
Por Javier DeFelipe
Oxford University Press, Oxford, 2018


De las grandes teorías científicas, se dice a menudo que son obras de arte. En particular, cuando destacan por su sobriedad y elegancia. En un editorial reciente de Nature se añadía una tercera nota compartida por el artista y el científico: el advertir de que, entre todos los mundos posibles, la asimetría es lo que hace único. Para asimetría, el sistema nervioso, objeto de estudio de una de las grandes figuras de la historia de la ciencia y artista él mismo: Santiago Ramón y Cajal (Petilla de Aragón, 1852-Madrid, 1934).

Neuronal Forest comprende una galería de 275 dibujos originales de Ramón y Cajal, la colección más extensa de las publicadas hasta la fecha. Muestra la belleza de la ciencia observada a través del ojo del artista con un foco particular en las neuronas, nervios y células de la glía. Aporta el contexto histórico de la obra del padre de la neurociencia moderna. Prolonga Cajal’s Butterflies of the Soul, de Javier DeFelipe, publicado en 2010 también por Oxford University Press; antecedidos ambos por Paisajes neuronales, aparecido en 2007, del mismo autor en colaboración con Henry Markram y Jorge Wagensberg, este último prematuramente fallecido, en marzo de este año, cuando preparaba un centro cultural para la convergencia de ciencia y arte. El libro se divide en dos partes, la primera centrada en la atmósfera científica del tiempo de Cajal, la historia de la neurona y el reto anatómico que plantea el estudio de las conexiones neuronales. La segunda parte consta de 275 dibujos originales de Cajal, publicados en el curso de su carrera científica, y abarca virtualmente todos los campos de investigación que le interesaron: médula espinal, lóbulo óptico y retina, corteza cerebral y muchas otras regiones del cerebro. Cajal quedó prendado de las formas bellísimas de las células del sistema nervioso.

Es sobradamente conocida la escena reconstruida por el propio Cajal en sus Recuerdos de mi vida: en la primera quincena de septiembre de 1889, llega a Berlín para participar en el Congreso de Anatomía que ese año se celebraba en la ciudad. Los asistentes le recibieron cortésmente, expectantes, extrañados de la presencia de un español en una convención en la que dominaban alemanes, austriacos, franceses e ingleses. En la sesión demostrativa, el científico español se procuró la atención de Rudolf Albert von Kölliker (1817-1905) sobre las preparaciones y dibujos que había llevado consigo. Kölliker quedó impresionado y se convirtió en su principal valedor. Director del Instituto Anatómico de Wurzburgo, Kölliker fue el autor del primer tratado de histología moderno, su Handbuch der Gewebelehre des Menschen (1852). Los trabajos que venía realizando desde 1841 abonaban la tesis de que las células nerviosas eran independientes, lo que, en parte, explica la acogida que dispensó a las investigaciones cajalianas.

Cajal sumó a su labor científica profesional dos aficiones, las cuales le resultarían de gran utilidad en su tarea docente e investigadora: la fotografía y la pintura. La pasión por esta última le acompañó toda su vida. Sus primeras placas datan de 1871, cuando estudiaba medicina en Zaragoza. Siguió la evolución de la técnica y ensayó con diversas emulsiones y procedimientos: colodión-húmedo, gelatino-bromuro (placas estereoscópicas), Lumière rápidas (autocromas), diapositivas tricrómicas e interferenciales de Lippman.

La afición a la pintura comienza durante su infancia en Ayerbe, sirviéndose de los medios más dispares: papel, paredes e incluso puertas. Acude a clases de dibujo artístico en Huesca. Desde que era un niño, realiza dibujos artísticos al carboncillo, pastel, acuarela y óleos. Pintó bodegones con óleo sobre lienzo. Muy pronto se sirvió del dibujo de los huesos para entender mejor su anatomía. Trasladado su padre a Zaragoza, se matriculó en la Facultad de Medicina y pasó tres años disecando y pintando las preparaciones anatómicas que hacía con su progenitor. A esta época pertenecen unas láminas anatómicas de gran formato, que elaboró con tizas de colores sobre cartulina de color azul. Terminada la carrera y enrolado en el Cuerpo de Sanidad Militar, es destinado a la isla de Cuba. Sigue pintando. Con el tiempo, realizará dibujos anatómicos e histológicos con el fin de ilustrar las explicaciones de las clases de su cátedra, los libros o las propias investigaciones. Estudiaba sus preparaciones histológicas con un microscopio monocular. Por lo general, los dibujos los elaboraba a lápiz (grafito) y los entintaba, totalmente o parcialmente, con tinta china según el énfasis que quería dar a las distintas estructuras representadas. Predominaban las ilustraciones en tinta negra, aunque o si el tema lo requería, empleaba dos, tres, cuatro y hasta seis tintas. De acuerdo con la estructura, esbozaba primero una serie de bocetos que contenían los diferentes tipos celulares extraídos de varias preparaciones (por ejemplo, en el caso de la retina). Una composición compleja muy conocida de Cajal es la representación del sentido del impulso nervioso en el hipocampo, en la que nos lo indica, por medio de flechas, un elemento introducido en sus esquemas y en una parte importante de sus dibujos histológicos.

Cuando Ramón y Cajal aplicó su ojo al microscopio para observar células cerebrales, contempló un mundo extraordinario que no solo iniciaba la neurociencia moderna, sino que entrañaba, además, una sorprendente combinación de arte y ciencia. Cajal tenía que captar la imagen que observaba e interpretarla. Basándose en ello, creó un nuevo paradigma sobre el sistema de operación del cerebro. La neurociencia comienza con la teoría de la neurona de Cajal.

Las neuronas se le antojaban árboles; las células de la glía, arbustos. Habida cuenta de la elevada densidad y abigarrada disposición, las neuronas y células de la glía semejaban una selva espesa, una suerte de jungla impenetrable de interacción entre células que median la cognición y la conducta. Al ir desvelando los misterios del cerebro, se sucedía una cascada de formas celulares de una belleza extraordinaria. Antes de Cajal, la tesis dominante sobre la organización del sistema nervioso era la teoría reticular, defendida por Camillo Golgi (1843-1926), según la cual las corrientes nerviosas fluían a través de una red continua de procesos neuronales. Sin embargo, de acuerdo con la teoría cajaliana de la neurona, esas corrientes procedían de célula a célula a través de un punto de contacto. Las nuevas ideas sobre las conexiones entre neuronas suscitaron teorías novedosas sobre la relación entre circuitos neuronales y función cerebral.

La introducción del método de tinción negra de Golgi en 1873 constituyó un paso de gigante para la neurociencia. Hasta entonces, la visualización de las neuronas había resultado incompleta con las técnicas histológicas disponibles. Solo podían observarse el soma celular y las porciones proximales de las dendritas y el axón. Con el método de Golgi, pudo comenzarse a percibir neuronas y glía con todas sus partes (soma celular, dendritas y axón, en el caso de las neuronas; soma y procesos, en el caso de la glía). Merced a las ventajas de este método, podían abordarse las trayectorias de las conexiones entre neuronas. Cajal adaptó el método en 1888.

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