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Actualidad científica

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  • Septiembre/Octubre 2018Nº 92

Neurociencia

Neurogénesis en la edad adulta

En la mayoría de los mamíferos, la producción de neuronas jóvenes continúa a lo largo de toda la vida. En la especie humana, en cambio, este proceso parece restringido al período neonatal.

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Marzo de 2018. La prensa científica y los medios de comunicación de información general se hacen eco de una rompedora investigación: en el giro dentado del cerebro humano adulto no se generan nuevas neuronas. Los resultados del estudio, publicado en Nature y en el que se apoya la noticia, los descubrió nuestro grupo a partir de la investigación de cerebros humanos. En colaboración con el equipo de Arturo Álvarez Buylla, de la Universidad de California en San Francisco, constatamos que en el hipocampo de las personas adultas no ocurre el proceso de neurogénesis. ¿Cómo era posible, si desde hace años la mayoría de los neurocientíficos da por sentado ese proceso? Demos por un momento marcha atrás en el tiempo para recordar los orígenes de la supuesta neurogénesis en humanos adultos.

En los años sesenta del siglo pasado comenzó a hablarse del nacimiento de neuronas en el cerebro de las personas adultas a partir de la experimentación con animales y la aparición de técnicas de marcaje celular con timidina tritiada. Mediante esta herramienta, Joseph Altman (1925-2016), investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts, observó por primera vez que algunas neuronas del cerebro de las ratas adultas tenían la capacidad de proliferar.

La timidina tritiada es un nucleósido radiactivo que, al administrarse a los animales de experimentación, se incorpora al ADN de las células que entran en la fase de síntesis del ciclo celular, confiriéndoles cierta radiactividad, la cual puede detectarse en sus núcleos a través de técnicas autorradiográficas. Así, los núcleos de esas neuronas solo pueden presentar radiactividad si son fruto de la división de células progenitoras que han incorporado timidina tritiada en la fase de síntesis de ADN. Altman constató ese fenómeno en el cerebro de roedores adultos. También observó que existían dos regiones principales con capacidad neurogénica: el área ventricular-subventricular (V-SV), que aportaba nuevas neuronas al bulbo olfativo, y el giro dentado del hipocampo. Sin embargo, no fue hasta los años noventa cuando el mundo científico aceptó que el cerebro de los mamíferos presentaba neurogénesis en la edad adulta, aunque restringida a esas dos regiones cerebrales.

Estudios posteriores identificaron los astrocitos como las células madre responsables de dicho proceso. Estas células de forma estrellada (de ahí su nombre) presentan, por lo general, una antena receptora (cilio primario) especializada en recibir señalización celular. Cuando una de estas células madre prolifera, da lugar a células hijas con características de células nerviosas inmaduras que migran, maduran y se integran en los circuitos cerebrales preexistentes.

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