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  • Septiembre/Octubre 2018Nº 92

Psicología

Padres al límite de sus fuerzas

Totalmente exhaustos y con sensación de vacío. Para algunas personas, la experiencia parental se convierte en un suplicio. La falta de apoyo puede desembocar en un síndrome de desgaste.

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Tras una larga jornada laboral, Judith llega a casa, pone a su hijo Theo, de seis años, en la bañera y comienza a cocinar. La abuela vendrá hoy a cenar. Un cuarto de hora más tarde, pide a su hijo que salga del agua y que se ponga el pijama, pero el niño se niega. La mujer, de 37 años, deja que transcurran cinco minutos para que se haga a la idea y le vuelve a pedir que salga de ahí. Segundo intento fallido. Prueba convencerlo a través de la comprensión y argumentación: entiende que quiera seguir en la bañera, pero ya es muy tarde, la cena está casi lista y, si permanece más rato en la bañera, se acostará a las tantas y mañana no habrá quien lo levante. No sirve de nada; al contrario, el panorama se torna incluso más desfavorable: Theo expresa su disgusto y reprocha a su madre que nunca le deja tiempo para jugar en la bañera. Judith se enfada, alza la voz y saca al niño a la fuerza del agua. Theo empieza a llorar. Su madre le recrimina: «En mi época, esto no habría sucedido. Los niños de entonces obedecíamos».

Judith se siente fracasada. Duerme mal, las dudas sobre sí misma la atormentan y tiene sentimientos de culpabilidad. ¿Por qué no logra hacerse respetar? ¿Por qué sus hijos se lo ponen tan difícil? Su hija adolescente hace lo que quiere. Además, desde que su marido se encuentra muchos días fuera de casa por motivos de trabajo, debe imponerse al cada vez más testarudo Theo. Ya no sabe cómo afrontar el día a día. Se siente agotada y vacía. El deseo de estar en otra parte y de dejar todo atrás se vuelve cada vez más frecuente e intenso. Ya no le da alegría ocuparse de sus hijos. ¿Es normal lo que le sucede?

Los psicólogos emplearon por primera vez a finales de los años sesenta del siglo xx el término síndrome de desgaste (burnout) para describir las consecuencias del estrés crónico en el trabajo. En este sentido, la investigación relacionaba este tipo de trastorno, sobre todo, con las profesiones dedicadas al cuidado de otras personas, como individuos de edad avanzada o enfermos. Los síntomas típicos eran el agotamiento, la indiferencia, un rendimiento bajo y una identificación cada vez menor con la ocupación laboral. La mayoría de los trabajadores que presentaban este tipo de síndrome eran los que habían estado más comprometidos con su trabajo. En los años ochenta fue cuando, por primera vez, algunos científicos consideraron que también algunos padres podían sufrir el síndrome de desgaste. No obstante, investigaron solo a madres y padres con hijos que sufrían una enfermedad crónica, sin considerar a la población general de progenitores. Un vacío que intentamos cubrir con nuestras investigaciones.

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