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Actualidad científica

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  • Septiembre/Octubre 2018Nº 92
Retrospectiva

Ilusiones

Solomon Asch y la fuerza de la mayoría

El psicólogo Solomon Asch contribuyó de manera decisiva al desarrollo de la psicología social con un test que mide el peso de la influencia social en nuestros juicios y comportamientos.

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En los años cincuenta del siglo xx, el Gobierno de Estados Unidos no tolera a los librepensadores. Es la época de las listas negras del senador republicano Joseph McCarthy (1908-1957), las cuales planean como una sombra sobre la carrera profesional de altos funcionarios, actores, escritores o cantantes con opiniones demasiado liberales a ojos del senador anticomunista y de su equipo.

Durante aquellos años, el psicólogo Solomon Asch (1907-1996) alcanzó notoriedad. Sus investigaciones sobre la conformidad social, es decir, sobre los mecanismos que llevan a un individuo a adherirse a las opiniones de la mayoría, tuvieron una gran repercusión.

Nacido en Varsovia, Asch llegó con su familia a Estados Unidos a la edad de 13 años. Creció en un barrio de Manhattan habitado por una población multiétnica: en él se mezclaban inmigrantes judíos, irlandeses e italianos. Su afición a los estudios le sacó de la pobreza, y gracias a su tenacidad, consiguió doctorarse en psicología en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Durante la Segunda Guerra Mundial, el joven psicólogo se interesó por el impacto de la propaganda y del adoctrinamiento de los ciudadanos. Según sus biógrafos, pronto tomó la decisión de investigar el fenómeno de la conformidad social, pues se percató de que la «América de McCarthy» estaba en camino de reproducir las técnicas típicas de regímenes totalitarios que acababa de combatir.

Compromiso inconsciente

En 1938, un psicólogo turco nacionalizado estadounidense, Muzafer Sherif (1906-1988), ya había investigado la tendencia de las personas a seguir las opiniones de la mayoría. En sus estudios explotó una ilusión perceptiva, el efecto autocinético: cuando una persona fija durante un tiempo su mirada sobre un punto luminoso proyectado en la oscuridad sobre una pared, percibe que se desplaza. Sherif eligió el efecto autocinético porque: «Solo existe en la cabeza de los sujetos». Por esa razón, verificar si esta ilusión puede ser influenciada por la opinión de los otros resultaba relativamente sencillo.

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