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Actualidad científica

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  • Septiembre/Octubre 2018Nº 92

Psicología

Un año en Marte

Durante 365 días, seis personas permanecieron en una estación aislada en Hawái. Su objetivo era simular una misión tripulada a Marte. ¿Qué efectos tiene el aislamiento en la psique de la tripulación?

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El viento acaricia el yermo y árido paisaje sin que pueda advertirse: no existe un solo árbol ni arbusto cuyas hojas o ramas pueda agitar. Ni tan siquiera una brizna de hierba. Solamente roca gris rojiza desnuda alrededor. A través de la única ventana por la que podemos mirar, que más que una ventana era un ojo de buey, no percibimos nada de viento, aunque escuchamos sus soplidos sobre la cúpula instalada en la ladera desierta de un enorme volcán.

Durante todo un año vivimos y trabajamos a media altura del Mauna Loa, bajo condiciones similares a las que un día los astronautas se encontrarán en Marte. Nuestro hogar era una estación en forma de cúpula de unos 100 metros cuadrados que llamábamos «hábitat» y de la que solo podíamos salir en traje espacial. Cada uno de nosotros disponía de una pequeña habitación, en la que apenas cabía una minúscula mesa junto a la cama, un taburete y un reducido estante.

Nos encontrábamos solos, muy lejos de la civilización. Los trabajos y las reparaciones que pudiesen surgir corrían de nuestra cuenta y dependíamos de lo que estuviera disponible en el contenedor de almacenaje. El supermercado más cercano se hallaba a meses de distancia. Las noticias «de la Tierra» nos llegaban solo por medios electrónicos, pero con 20 minutos de retraso, el tiempo que tardan las señales en recorrer los aproximadamente 400 millones de kilómetros de máxima distancia entre nuestro planeta y Marte.

Necesité semanas para comprender dónde me había metido. Me hallaba nada menos que en la cuarta y más larga fase del HI-SEAS, acrónimo inglés de «Hawái: Análisis y Simulación de Exploración Espacial», el proyecto que llevaba a cabo un equipo dirigido por Kim Binsted, de la Universidad de Hawái, y que financiaba la NASA. El experimento consistía en simular e investigar los efectos psicológicos que podía provocar una misión a Marte en los astronautas, sobre todo, en relación con su rendimiento y estado de ánimo.

Una combinación adecuada es decisiva

Ninguna simulación puede reproducir de manera realista los peligros de un viaje al espacio auténtico. Por otra parte, estos ya se conocen bastante bien a través de las misiones que se han efectuado en la Estación Espacial Internacional (ISS). No obstante, los astronautas de la ISS rara vez permanecen allí más de seis meses. Una misión tripulada a Marte duraría, probablemente, entre dos años y medio y tres años (solo para el viaje de ida se necesitan seis meses). Una condición que, sin duda, requiere reunir a un equipo capaz de mantenerse unido, en el que las riñas sean contadas y que sepa manejarse ante situaciones de estrés extraordinario. El experimento en el que participábamos debía comprobar ese aspecto, además de mostrar las posibilidades que se tienen para ayudar desde la Tierra a una tripulación que se halla a una distancia inmensa.

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