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El amnésico con falta de sueño

El señor U. pierde el hilo de las conversaciones y se olvida con frecuencia de lo que ha ido a buscar a la cocina. Sin embargo, goza de una salud excelente.

ISTOCK / KOLDUNOV

En síntesis

Desde hace algún tiempo, el señor U. se queja de problemas de memoria. Le cuesta seguir una conversación y debe tomar nota de todo para no olvidarse de nada.

La falta de sueño debida a la intensa vida laboral perjudica el rendimiento atencional y la memoria operativa del paciente.

El sueño, sobre todo el denominado lento, resulta imprescindible para que los recuerdos se consoliden en el cerebro.

Entre los motivos más frecuentes por los que las personas acuden al neurólogo se halla el denominado trastorno mnésico, es decir, las quejas subjetivas de problemas de memoria. Las causas de esta disfunción son muy variadas, desde la enfermedad de Alzheimer hasta la depresión. A mi consulta llegó el señor U., de 60 años, quien, sorprendentemente, nos llevará a un terreno por completo distinto: el sueño. Desde hacía algunos años le preocupaba su memoria, me comentó. Tenía que anotar todo en un cuaderno o en pósits; también perdía el hilo de las conversaciones.

Por lo demás, el señor U. gozaba de una excelente salud. No se sentía ansioso ni deprimido, y sus problemas mnésicos parecían haberse estabilizado en los últimos años, lo que excluía el diagnóstico de una enfermedad neurodegenerativa, como el alzhéimer. Durante la visita le interrogué sobre su estilo de vida. Me explicó que tenía dos empleos, cada uno de media jornada: por una parte, trabajaba de dependiente en una librería; por otra, era recepcionista en un hotel de dos a tres noches por semana. Muchas veces, su horario no le permitía recuperarse; tampoco conseguía dormir después de los turnos nocturnos en el hotel. ¿Estaban sus problemas de memoria relacionados con un sueño insuficiente o con un ritmo de vida caótico?

Los estudios demuestran que los pacientes con insomnio obtienen un peor rendimiento en las pruebas para evaluar la capacidad memorística que las personas que duermen bien. Esta simple observación sugiere que el sueño contribuye al funcionamiento de la memoria. Este supuesto apareció relativamente pronto en la historia de la psicología científica. El psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus (1850-1909) dedicó gran parte de su tiempo a la investigación de la memoria. Incluso él mismo se convirtió en su principal y, quizás, única cobaya. Ebbinghaus se obligó a aprender de memoria listas de decenas de sílabas para luego medir el tiempo que tardaba en olvidarlas.

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