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  • Julio/Agosto 2018Nº 91

Neurociencia

El fino olfato ­humano

Muchas personas consideran que el sentido olfativo se encuentra poco desarrollado en la especie humana. Los hallazgos demuestran lo contrario. Incluso podemos superar a los perros cuando se trata de oler.

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Un día del año 2005. Las personas que se pasean por el campus de la Universidad de Berkeley en California presencian una escena singular. Una estudiante se encuentra inclinada, a cuatro patas, sobre el césped del lugar. Llevaba unos guantes en las manos, unos enormes auriculares que tapan sus orejas y, unas gafas de esquí, cuyas lentes estaban cubiertas por una tela. Todavía más extraordinario que su aspecto es, sin embargo, lo que sucede a continuación: la joven baja la cabeza y empieza a husmear el césped. Se arrastra un corto espacio hacia delante, vuelve a oler, y corrige la dirección de su desplazamiento. Husmeando, gateando, husmeando, gateando, metro a metro, avanza hacia adelante. Después de unos minutos, de repente, titubea. Mueve la cabeza de un lado a otro y, finalmente, gira con brusquedad hacia la derecha.

La escena forma parte de un estudio diseñado por el neurobiólogo Noam Sobel junto con su colega Jess Porter. Ambos se proponían comprobar si los humanos son capaces de seguir el rastro de un determinado olor. Para ello, habían escondido entre la hierba un fino cordón que, previamente, habían empapado con una solución concentrada de chocolate. Los 32 participantes no podían ver ni apenas oír lo que sucedía a su alrededor. El único órgano sensorial por el que podían orientarse era la nariz. Un total de 21 de los sujetos localizaron con éxito el cordón impregnado de chocolate, de modo similar a como lo hace un perro, aunque con mayor lentitud.

El resultado no sorprendió a los investigadores, ya que los aromas que habían utilizado eran relativamente fuertes: su concentración estaba muy por encima del umbral de percepción. «Hemos repetido el experimento con olores muy suaves. Numerosos de los participantes nos dijeron que era una pérdida de tiempo, que no olían nada. Sin embargo, cuando examinamos el trayecto que habían recorrido, comprobamos que era bastante correcto», explica Sobel.

Esta parte de los resultados no se publicó; el propio Sobel la calificó de «anecdótica». Sin embargo, existen pruebas fiables de que el olfato humano es capaz de conseguir rendimientos sorprendentes. Incluso si nos comparamos con el mejor amigo del hombre, cuya capacidad olfativa se considera increíble, hay algunos puntos en que podemos ponernos a su altura.

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