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  • Julio/Agosto 2018Nº 91
Avances

Neurociencia

Implantes cerebrales para los trastornos del estado de ánimo

Controlados con inteligencia artificial, estos dispositivos estimulan el cerebro con electricidad y reconocen cuándo una descarga eléctrica es necesaria.

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Por primera vez se están ensayando en el cerebro humano implantes que descargan impulsos eléctricos ajustados según los sentimientos y la conducta de quien los utiliza. Dos equipos, financiados por la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés) en EE.UU., han comenzado ensayos preliminares de implantes cerebrales «en bucle cerrado», que, por medio de algoritmos, detectan patrones asociados a trastornos del estado anímico. Estos dispositivos pueden lograr que el cerebro retorne a su estado saludable, sin intervención de un médico.

El trabajo, presentado en noviembre de 2017 en el congreso de la Sociedad de Neurociencia en Washington, podría contribuir a tratar enfermedades mentales graves refractarias a las terapias actuales. Sin embargo, también suscita problemas éticos, pues esta metodología podría conceder a los investigadores cierto acceso, en tiempo real, a sentimientos íntimos de la persona.

La técnica se conoce como estimulación cerebral profunda y consiste en utilizar dispositivos implantados en el cerebro para suministrar descargas eléctricas que alteran la actividad neuronal. Se utiliza para tratar alteraciones de motricidad; pero su éxito ha sido escaso en los trastornos de tipo anímico. Los primeros indicios hicieron pensar que la estimulación constante de ciertas regiones cerebrales podría aliviar la depresión crónica, pero en un estudio en el que participaron 90 pacientes con depresión no se observó mejoría al cabo de un año.

Los científicos afirman que hay posibilidad de tener éxito a pesar de que intentos anteriores hayan fracasado, porque sus implantes cerebrales están específicamente concebidos para tratar enfermedades mentales, y se activan solo cuando es necesario. «Es mucho lo que hemos aprendido sobre las limitaciones de nuestra tecnología actual», asegura Edward Chang, neurocientífico de la Universidad de California en San Francisco, quien dirige uno de los proyectos.

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