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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Julio/Agosto 2018Nº 91

Resiliencia

Meditar para ­mantener la calma

Las personas resilientes, como cualquier ser humano, experimentan preocupaciones y necesidades, pero con una diferencia: saben manejar esas situaciones de forma saludable. La meditación de consciencia plena ayuda a ello, según demuestran las variaciones genéticas y cerebrales observadas

Menear

Concentrarse en la respiración. Aceptar las cosas tal como son. Si la mente empieza a divagar, volver al aquí y ahora. Parece una tarea sencilla. Sin embargo, resulta más fácil de decir que de realizar. Los pensamientos sobre el pasado y el futuro, los juicios y las valoraciones nos acompañan continuamente. De hecho, resultan tan frecuentes que a veces ni nos damos cuenta de ellos. Deshacerse de esos pensamientos, aunque sea por un corto tiempo, puede representar un gran logro.

Numerosos estudios de los últimos años demuestran que la meditación reduce el estrés en las personas sanas y en los pacientes que presentan depresión o enfermedades físicas graves. Hoy en día, los investigadores tratan de demostrarlo, ya no solo a través de cuestionarios, sino también mediante indicadores fisiológicos mensurables. Según un equipo dirigido por la psicóloga Linda Carlson, de la Universidad de Calgary, la meditación reduce el acortamiento de los telómeros, que suele observarse en las mujeres que sufren cáncer de mama.

Los telómeros son los extremos de los brazos de un cromosoma y están formados por secuencias repetidas de ADN y proteínas. Con frecuencia, se vuelven demasiado cortos en relación con algunas afecciones, entre ellas, las enfermedades cardiovasculares, las infecciones y la diabetes. Ciertos estudios han relacionado los telómeros más cortos de lo normal con una mayor tasa de mortalidad en el cáncer de mama. Puesto que el estrés influye en la longitud de los telómeros, se los considera un marcador psicobiológico.

Carlson y sus colaboradores analizaron muestras de sangre de 88 mujeres con cáncer de mama que habían superado una terapia (algunas habían recibido un tratamiento hormonal). Distribuyeron de forma aleatoria a las pacientes, que presentaban un marcado estado de estrés, en tres grupos: unas participaron en un entrenamiento de meditación de consciencia plena durante ocho semanas; otras recibieron una terapia de conversación, y unas terceras (grupo de control) asistieron a un seminario sobre el manejo del estrés. Antes y después de la intervención y aproximadamente cada tres meses, los experimentadores tomaban muestras de sangre de las participantes para analizar la longitud de los telómeros.

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