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Actualidad científica

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  • Julio/Agosto 2018Nº 91
Encefaloscopio

Memoria

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Un virus ancestral que ayuda a aprender

Hallan en ratones que la proteína Arc contribuye en los procesos de aprendizaje. 

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La proteína Arc parece indispensable para la memoria a largo plazo, es decir, para el almacenamiento duradero de la información. Al menos en los ratones: se ha visto que si se les extrae dicha proteína, los animales son incapaces de recordar algo durante más de 24 horas. Pero ¿cuál es el cometido de esta proteína? Neurocientíficos dirigidos por Jason Shepherd, de la Universidad de Utah, han avanzado en la solución de este misterio. Al parecer, Arc es el vestigio de un virus que se introdujo hace cientos de millones de años en el material genético humano y animal; desde entonces, se transmite de generación en generación. En principio, no se trata de un fenómeno inusual, puesto que este tipo de fragmentos en el material genético de los mamíferos representa alrededor de la mitad de su herencia genética. Por lo general, perdieron sus características víricas originales hace tiempo. Arc, en cambio, no.

Si existen suficientes proteínas de este tipo en una neurona, se organizan en unos cuerpos huecos, muy similares a las llamadas cápsides, según comprobaron los científicos al examinarlas bajo el microscopio electrónico. A través de análisis sucesivos, los investigadores descubrieron, además, que la cápsula de proteínas Arc posee la capacidad de retener en su interior sus «instrucciones de montaje» en forma de ARN y, con ello, de apropiarse nuevamente de otras secuencias que circulan alrededor. La cápsula de Arc se desplaza con este cargamento a la membrana celular, se envuelve con la capa exterior de la célula y, finalmente, alcanza el medio circundante. Cuando encuentra una neurona vecina, se acopla, se inserta, se descompone y libera su ARN.

De este modo, Arc funciona casi como un virus que ataca a un huésped, con la diferencia de que su huésped saca provecho. No obstante, se desconoce con exactitud cómo nuestro cerebro emplea Arc. El hallazgo apunta a que este antiguo virus abre otro canal de comunicación entre las neuronas a través de su capacidad de transporte y, de este modo, ayuda en los procesos de aprendizaje del sistema nervioso.

Fuente: Cell, 10.1016/j.cell.2017.12.022, 2018

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