Psiquiatría política

La misión de los psiquiatras consiste en ayudar a las personas con trastornos psíquicos. Pero esa función puede degradarse cuando desempeñan su labor en un régimen totalitario.
"El estado psíquico de Grigorenko requiere un tratamiento forzoso en una clínica psiquiátrica especial, pues sus ideas paranoicas reformistas de carácter estable fundamentan y explican la conducta del paciente." Así sentenciaba un dictamen médico del Instituto Serbsky de Psiquiatría Social y Forense de Moscú del 19 de noviembre de 1969. Piotr Grigorievich Grigorenko no era un ciudadano cualquiera: era general de brigada del Ejército Rojo y profesor en la academia militar de Frunse.
Grigorenko ya había dirigido en 1961 una carta de protesta al Comité Central del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) en la que se quejaba de "la actividad contraria a la razón y algunas veces dañina para el país de Kruschev y su equipo". En varias ocasiones Grigorenko, que poseía una inteligencia privilegiada y un temperamento muy decidido, había protestado contra diversas irregularidades; ese comportamiento, aunque los demoró, no impidió sus ascensos. Pero en esta ocasión la jefatura del estado reaccionó con suma dureza: le apartó de la actividad docente y le destinó a los confines orientales. Allí le detuvo la policía el 1 de febrero de 1964 bajo la acusación de haber pronunciado un discurso antisoviético. Tras un reconocimiento de cinco semanas efectuado en el Instituto Serbsky de Psiquiatría Social y Medicina Legal de Moscú, los psiquiatras emitieron el fatídico diagnóstico: enfermo mental.

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