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1 de Enero de 2014
Psiquiatría

La fuerza del autismo

Los rasgos autistas resultan ventajosos en ciertos ámbitos laborales, entre ellos, la investigación.

VII PHOTO / JESSICA DIMMOCK

En síntesis

El autismo es un trastorno hereditario del desarrollo cerebral. Se manifiesta de muy diversas formas.

Los individuos con un grado de autismo leve muestran una alta capacidad intelectual en los test de inteligencia no verbales.

Los autistas funcionales pueden obtener éxito a nivel laboral si desarrollan su trabajo en un ámbito adecuado, entre ellos, la investigación.

Casi todos los artículos o las revisiones de investigación sobre el autismo arrancan con una introducción parecida a «el autismo es un trastorno devastador». No en mi caso. Como investigador, director de laboratorio y médico clínico centrado en la neurociencia cognitiva del autismo, cuento en mi equipo con ocho colaboradores con el trastorno autista: cuatro auxiliares de investigación, tres estudiantes y un investigador. Pero sus funciones no se limitan a la compartición de experiencias personales ni a la irreflexiva introducción de datos. Sus cualidades personales y dotes intelectuales los hacen idóneos para formar parte del grupo. Tengo la convicción de que contribuyen a la ciencia precisamente por su autismo, no a pesar de él [véase «Autismo y mente técnica», por Simon Baron-Cohen; Investigación y Ciencia, enero de 2013].

Todos conocemos anécdotas de personas autistas dotadas de talentos inusitados. Tal es el caso de Stephen Wiltshire, capaz de dibujar de memoria paisajes urbanos al detalle después de sobrevolarlos en helicóptero. Sin embargo, ninguno de los miembros de mi laboratorio es uno de estos superdotados. Se trata de individuos con autismo «normales» que, en conjunto y promedio, superan a personas no autistas en un abanico de aspectos, entre ellos, ciertas medidas de inteligencia.

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