Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Mente y Cerebro
  • Enero/Febrero 2014Nº 64

neurofilosofía

¿Qué significa sentir?

El cerebro explica las emociones y las pasiones humanas, sostiene la neurociencia. ¿Se nos escapa parte de la realidad si concebimos los sentimientos solo como una activación neuronal?

Menear

Este artículo forma parte de la serie de MyC «Neurofilosofía de las emociones y la moral».

Siempre que en una fiesta alguien me pregunta por mi profesión, contesto: «Neurocientífico». La respuesta suele causar gran expectación. «Seguro que es un trabajo muy emocionante. ¿Qué investiga exactamente?». Explico la verdad: «Las emociones». En ese momento, mi interlocutor, sea quien sea, no puede contenerse en preguntar y pedir consejo: «A veces me cuesta mantener a raya mis emociones. ¿Tiene eso algo que ver con el modo en que esta cableado mi cerebro?»; «¿Existe algún medicamento con el que se puedan borrar los malos recuerdos?»; «Cuanto más viejo me hago, más me preocupa todo. ¿Es normal? ¿Puedo evitarlo?»; «Si conociese mi ADN, ¿podría usted decirme si padeceré algún día depresión?»; «Llevo casado diez años. ¿Es posible amar a la pareja después de tanto tiempo del mismo modo que al comienzo de la relación?».

Todos los humanos experimentamos emociones y debemos, de algún modo, manejarnos con ellas: controlar los ataques de cólera, superar una angustia arraigada o satisfacer una pasión. Numerosas personas esperan de la ciencia que les proporcione un manual de instrucciones prácticas para ello, como es el caso de algunos de mis interlocutores espontáneos. Si, en una de esas conversaciones, me es imposible proporcionar consejos o soluciones concretas y contesto, encogiéndome de hombros, «¿Cómo puedo saberlo?», la decepción resulta enorme.

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados