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  • Julio/Agosto 2013Nº 61

Neurociencia

Tragos de agresividad

El alcohol desinhibe y torna agresivas a algunas personas, mientras que a otras las tranquiliza y adormece. ¿De qué depende?

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Berlín, estación de metro Friedrichstrasse. Un estudiante de bachiller de 18 años, Thorben P., ataca con una botella a un hombre y lo derriba. La víctima, un trabajador, cae al suelo sin sentido. El atacante le propina varias patadas en la cabeza, las cuales provocan un traumatismo craneoencefálico, la fractura de los huesos de la nariz y diversas contusiones a la víctima. El incidente, sucedido en 2011, se asocia con un consumo excesivo de alcohol. Al menos así lo decidió el Tribunal Regional de Berlín: consideró el alcoholismo una circunstancia atenuante de la culpabilidad.

Según la perito que intervino en el caso: «No se puede descartar del todo que la capacidad de decisión del acusado en el momento de los hechos pudiera estar sustancialmente disminuida por el alcohol». Aunque se desconocían los niveles de alcoholemia que alcanzaba el estudiante, las imágenes grabadas por la cámara de vigilancia del suburbano parecían demostrar que su conducta estaba «claramente condicionada» por el alcohol. Al final, el joven fue condenado por intento de asesinato a dos años y diez meses de prisión.

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