Conclusiones apresuradas

¿Se puede confiar en que la gente juzgue con fundamento?
Un niño de cuatro años observa cómo un monito de peluche se aproxima a un florero que contiene una flor roja y una flor azul, ambas de plástico. El mono estornuda. El mono se retira. Regresa, olisquea y vuelve a estornudar. Entonces un adulto retira la flor roja y la sustituye por una flor amarilla. El mono se acerca, olisquea por dos veces las flores amarilla y azul, y en cada vez estornuda. A continuación, el adulto reemplaza la flor azul por la flor roja. El mono se vuelve a acercar, olfatea las flores amarilla y roja, y esta vez no estornuda.
Seguidamente se le pregunta al niño, "¿Puedes darme la flor que hace estornudar al monito?" Cuando Laura E. Schulz y Alison Gopnik, de la Universidad de California en Berkeley, realizaron este experimento, el 79 por ciento de los niños de cuatro años eligió correctamente la flor azul. La investigación nos descubre que incluso los niños de muy corta edad empiezan a comprender las relaciones causales. Tal proceso es crítico para que comprendan su mundo y se abran camino en él.

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