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1 de Mayo de 2008
Percepción

Ilusión de movimiento

De cómo los ojos pueden ver movimiento donde no existe.

AKIYOSHI KITAOKA

El genio universal que fue Leonardo da Vinci nos ha dejado una herencia pictórica en la que se combinan la belleza y el deleite estético con un realismo sin parangón. Aunque Leonardo se ufanaba de su trabajo, también reconocía que el lienzo jamás podría transmitir la sensación de movimiento, ni de profundidad estereoscópica (que exige que los dos ojos vean al mismo tiempo imágenes levemente distintas). Leonardo admitía que existían límites claros para el realismo que podría plasmar.

Quinientos años después, las limitaciones de la representación de la profundidad en el arte de la pintura siguen en vigor (exceptuado, claro está, el «ojo mágico», que, mediante la impresión de muchos elementos similares, permite intercalar dos vistas, que el cerebro separa y asocia a cada ojo). Pero Leonardo no podía haber previsto el arte óptico (op art), tendencia plástica de los años sesenta del siglo pasado, cuyo propósito principal consistía en crear la ilusión de movimiento por medio de imágenes estáticas. Esta forma de arte se ganó el favor general del público. (La madre de uno de los autores, Rogers-Ramachandran, llegó incluso a empapelar todo un cuarto de baño con mareantes remolinos de aquellos diseños en blanco y negro.)

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