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1 de Septiembre de 2011
Medicina

El significado de las estadísticas

¿Cuántas veces induce una mamografía a resultados erróneos? ¿Existe mayor probabilidad de sobrevivir a un cáncer en EE.UU. que en Inglaterra? Aprenda a desdeñar temores poco fundados y a sopesar el auténtico riesgo de enfermar... o de recuperarse.

En síntesis

La incultura estadística no se arraiga en déficits intelectuales, sino en la relación entre médico y paciente, en la ilusión de certidumbre en medicina y en la presentación opaca de los datos sobre salud.

Quienes no entienden los números pueden resultar víctimas de la manipulación política o comercial de sus angustias y esperanzas. El resultado puede resultar lesivo para su salud física y bienestar emocional.

Es necesario comprender la diferencia entre riesgos relativos y absolutos, así como aprender a aplicar frecuencias naturales para inferir las auténticas probabilidades de que un resultado positivo en una prueba médica se deba a una enfermedad.

Para mejorar el conocimiento de la estadística, las escuelas deberían impartir la materia y, sobre todo, habituar a los niños a pensar en términos estadísticos para resolver situaciones cotidianas.

Año 2007. Rudy Giuliani, entonces alcalde de la ciudad de Nueva York, afirmaba en su campaña electoral: «Sufrí un cáncer de próstata hace cinco o seis años. Gracias a Dios, me he curado. ¿Qué probabilidades tenía de sobrevivir al cáncer? En Estados Unidos, del 82 por ciento. ¿Y en Inglaterra? Con medicina socializada, un 44 por ciento nada más». Giuliani utilizó estas estadísticas para defender la suerte que tenía de vivir en Nueva York y no en York. Esta declaración tuvo gran resonancia. Como explicaremos, fue también un burdo error.

Ya en 1938, el escritor inglés H. G. Wells pronosticaba en su libro World brain («Cerebro mundial») que en una democracia moderna, el pensamiento estadístico le sería a un ciudadano culto tan imprescindible como leer y escribir. En los comienzos del siglo XXI, a casi todos los habitantes de las sociedades industriales se les ha enseñado a leer y a escribir. Pero no han aprendido a pensar en términos estadísticos, a comprender información sobre riesgos e incertidumbres en nuestro mundo, tan tecnificado. Ignorancia compartida por no pocos médicos, muchos periodistas y numerosos políticos —caso de Giuliani— que resulta en la difusión de graves errores entre el público general.

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