Leer entre líneas

Cuando un objeto queda en parte oculto, el cerebro, con gran maña, lo reconstruye y crea un todo visual.

corbis

Imagínese que mira a un perro que se encuentra tras una valla de barrotes: no ve una serie de franjas de perro, sino que percibe un perro en parte oculto por una serie de barras verticales. La capacidad del cerebro para unificar las porciones del cánido y construir con ellas un objeto visual completo demuestra un proceso fascinante: la complementación amodal.

Tal tendencia ha evolucionado por una razón: los animales necesitan ser capaces de localizar pareja, depredadores o presas en medio de un denso follaje. Es posible que la imagen proyectada en sus retinas conste solo de fragmentos, mas el sistema visual del encéfalo los concatena y pone en relación; es decir, reconstruye el objeto de modo que el animal que observa puede reconocer aquello que ve. Este proceso, en apariencia sencillo, resulta una de esas capacidades tan difíciles de programar en un ordenador. Tampoco se conoce el modo en que las neuronas de las vías visuales del cerebro efectúan tal proeza.

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