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Ritmos biológicos y personalidad

Personas matutinas, vespertinas e intermedias. Los humanos presentan diferencias individuales en los ritmos circadianos, rasgo que influye en su manera de ser.
© Dreamstime / Darispb
A lo largo de la evolución, todos los organismos vivos han desarrollado un sistema biológico específico para adaptarse a las características rítmicas y cíclicas del planeta Tierra. En mamíferos, este sistema se encuentra regulado por el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, el cual recibe información de la retina y del resto de los órganos sensoriales marcando ritmos de actividad fisiológica y de conducta. Este «reloj» multicelular, que libera en los humanos al menos nueve hormonas y proyecta señales a otras áreas de cerebro, se halla genéticamente programado. Su función consiste en sincronizar el organismo con los ciclos diarios de luz y temperatura, a semejanza de un director de orquesta que dirige y coordina los cambios de ritmo de los músicos.
Aunque existen multitud de tipos de ritmos biológicos (anuales, mensuales, etcétera), los más estudiados son los ritmos circadianos, término que proviene del latín «circa» (cerca) y «dies» (día). Se trata de ritmos biológicos que duran un período de un día aproximadamente y permiten la adaptación del organismo al ciclo día y noche producido por el movimiento de rotación de la Tierra alrededor del Sol. En el mundo animal se encuentran especies nocturnas o activas durante la noche (el búho o el murciélago, entre otros) y animales diurnos o activos durante el día (como el gallo o las ardillas). También existen animales crepusculares, es decir, activos durante el atardecer y el amanecer (caso del ciervo de cola blanca). Los humanos, aun siendo en su mayoría diurnos, muestran diferencias individuales en la expresión de los ritmos circadianos: el abanico incluye desde individuos matutinos, pasando por intermedios hasta vespertinos. Los primeros se levantan y activan muy temprano por la mañana y se acuestan poco después de anochecer; los vespertinos, en cambio, se despiertan y van a dormir tarde (pasada la medianoche), y los intermedios no presentan tendencias extremas: acostumbran levantarse después que los individuos matutinos, pero se acuestan antes que los vespertinos.

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