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Actualidad científica

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  • Abril/Junio 2004Nº 7

Evolución

El rastreo de huellas

La facultad investigadora que creemos propiedad exclusiva de nuestro tiempo tiene quizás una larga trayectoria, cuyo origen inmediato algunos ven en un arte desarrollado por el hombre paleolítico, el rastreo de huellas.
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Los investigadores se plantean hipótesis, las analizan, contrastan y tratan de deducir leyes de validez general. ¿Cómo surgió en nuestra filogénesis el talento que requiere esa tarea mental tan ambiciosa? Ciertos estudios recientes nos remiten a un precursor inesperado: la maestría en el rastreo de las huellas animales. La ciencia hace posible el progreso sistemático del conocimiento y desencadena cambios radicales para nuestra vida diaria. Pero esta concepción de la ciencia se puede retrotraer sólo a hace unos pocos siglos.
Peter Carruthers, antropólogo de la Universidad de Maryland, sostiene que el talento para el pensamiento científico no puede ser el resultado de una adaptación generada por la evolución. La tradición de la actividad investigadora es muy joven, pero hubo de basarse en un fundamento cognitivo anterior.

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