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1 de Julio de 2016
Neurobiología

Medir la neurogénesis

Con el fin de evaluar la producción de neuronas nuevas en el cerebro humano, los investigadores apuestan por la datación por carbono radiactivo, un método arqueológico que ­aprovecha los efectos de la contaminación nuclear ocasionada por los ensayos con bombas atómicas.

Las pruebas con bombas atómicas durante la Guerra Fría han afectado la atmósfera terrestre hasta nuestros días. También dejaron huella en el cerebro de las personas. [ISTOCK / ALEXANDR DUBOVITSKIY]

En síntesis

Los ensayos nucleares en superficie modificaron la concentración atmosférica de carbono radiactivo. Este efecto se puede aprovechar para determinar la edad de las células.

El método de datación por carbono radiactivo ha demostrado que en ciertas regiones del cerebro humano, como el hipocampo y el cuerpo estriado, se producen neuronas a lo largo de la vida.

Sin embargo, la destrucción de neuronas a causa de enfermedades o alteraciones neurológicas, entre ellas un accidente cerebrovascular, no desencadena una neurogénesis.

Ante un accidente cerebrovascular es preciso actuar con presteza. La mayoría de las veces, la apoplejía causa una alteración en el riego sanguíneo cerebral, de manera que las neuronas de ciertas regiones cerebrales dejan de recibir el oxígeno necesario para sobrevivir. Ello produce, a su vez, que el afectado sufra mareos, parálisis o trastornos del habla. La única forma de evitar la destrucción progresiva de más neuronas es llamar de inmediato al médico de urgencias [véase «Ictus: carrera con­trarre­loj», por J. Rother; Mente y Cerebro n.o 62, 2013].

Hasta los años noventa del siglo pasado, los investigadores descartaban la posibilidad de que neuronas nuevas se generasen en el cerebro adulto. La neurogénesis solo acontecía antes del nacimiento, presuponían. Hoy, esa idea ha quedado desfasada.

Hacia el final del siglo XX, cada vez más indicios confirmaban que el cerebro de los mamíferos adultos genera neuronas de manera continua. La regeneración ocurre como mínimo en dos áreas cerebrales: el bulbo olfativo (estructura que procesa los olores) y el hipocampo (sede de la memoria). La base de este proceso son las células madre, capaces de autorrenovarse y de convertirse en células especializadas, como las neuronas.

Este conocimiento surge, en gran medida, de la experimentación con roedores. Los investigadores administran a los animales sustancias que se incorporan al ADN («molécula de la herencia») de una célula en proceso de división. De esta manera, las neuronas recién creadas quedan marcadas, por lo que resultan fáciles de identificar.

No obstante, existe un problema para aplicar este método en los humanos: las sustancias de marcaje son tóxicas o radiactivas. Ello impide comprobar el fenómeno de la neurogénesis directamente en el cerebro de una persona. Por ello, preguntas como si otras regiones cerebrales, como las que se destruyen después de un ictus, pueden regenerarse, permanecen abiertas.

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