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1 de Julio de 2016
Demencia

Vivir con ­alzhéimer

Aunque todavía no se disponga de un tratamiento definitivo contra el alzhéimer, el diagnóstico ­temprano puede contribuir a retrasar la aparición de los primeros síntomas. Apoyar al enfermo en ese proceso también beneficia a sus cuidadores.

ISTOCK / OZGURCANKAYA

En síntesis

Con el tiempo, las personas con demencia no solo pierden la memoria, también merma su autonomía. Síntomas como la agresividad y la intranquilidad son los que más desgastan a los familiares cuidadores.

Los recursos técnicos, el ejercicio físico y el contacto social influencian de manera positiva en el curso de la enfermedad y el bienestar del paciente.

A menudo el cuidado de estas personas en casa supone una sobrecarga. Es importante respaldar a los familiares y ofrecerles instrumentos para sobrellevar la situación.

Hace un tiempo visité a una paciente a quien difícilmente olvidaré. Maite Gracia (nombre alterado por la redacción), que así se llama, deambulaba por el apartamento mientras que su marido, Pedro, rellenaba unos formularios conmigo. La visita a esa casa formaba parte de mi rutina laboral como psicóloga: además de pasar consulta, reviso el modo en que las personas con demencia y sus cuidadores afrontan el día a día entre las paredes de su casa. La incesante inquietud de la esposa agotaba a Pedro, según me explicó. Se lamentaba de no poder quitarle los ojos de encima ni poder dejarla sola por unos momentos: el riesgo de que sucediera algún accidente era demasiado grande.

La rutina de este matrimonio ejemplifica la de muchas otras familias que conviven con una persona que sufre la enfermedad de Alzheimer. Por lo general, los pacientes no son los únicos que cargan con la demencia, sino que también afecta a las personas de su entorno más próximo. Poco a poco, los familiares deben adoptar el papel de cuidador.

Recuerdo perfectamente al matrimonio Gracia porque el marido me planteó una cuestión clave: ¿no se podían combatir los síntomas de la enfermedad de su esposa con otro método, aparte de los medicamentos? Los científicos llevamos tiempo investigando en este terreno. Entre otros resultados, se ha demostrado que los cuidados apropiados y el apoyo de los familiares pueden influir de manera positiva en el curso de la dolencia.

La demencia se manifiesta a través de una multitud de síntomas, los cuales pueden variar según el tipo de que se trate. La forma más usual es el alzhéimer. Se da en dos tercios de los casos y comporta una muerte creciente de las neuronas conforme la enfermedad va avanzando con el tiempo. Esa neurodegeneración provoca síntomas cognitivos y conductuales en los afectados. La segun­-
da forma de demencia más frecuente es la vascular, la cual se halla relacionada con problemas en la circulación sanguínea del cerebro. En total existen unas 50 patologías que pueden provocar una demencia, la cual acaba pareciéndose, tarde o temprano, a la enfermedad de Alzheimer. Por este motivo, el diagnóstico exacto del tipo de demencia desempeña un papel secundario con lo que respecta al cuidado del enfermo, no así para el tratamiento médico. Con todo, la detección temprana constituye el factor más relevante.

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