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1 de Octubre de 1997
Ecología

La dehesa

Se ha pasado de presentarla como una explotación agropecuaria latifundista, de resonancias peyorativas, a exaltar sus virtudes. En esta reconciliación pesa mucho el equilibrio obtenido entre explotación y conservación del ecosistema.

Cuando se habla de pastos se evocan ecosistemas cuyo constituyente básico son las especies herbáceas. A la escala restringida de un monte o una comarca, los pastos podrían clasificarse de acuerdo con las plantas dominantes. A escala mundial, carecería de sentido apoyarse en la flora para dar una definición precisa de la estepa rusa, la sabana africana, la pradera norteamericana o la pampa argentina. En este caso, las condiciones climáticas, la composición del suelo y el grado de intervención humana resultan los criterios adecuados.

Entre los diferentes tipos de pastos que pueden establecerse de esta manera, se encuentran los pastizales seminaturales, que constituyen un importante recurso económico para la península Ibérica. Con el nombre de dehesas, en España, y de montados, en Portugal, los pastizales ocupan amplias áreas de suelos pobres en el centro, oeste y suroeste del contexto peninsular.

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