Glucosa y envejecimiento

Considerado antaño inerte, el azúcar más abundante del organismo puede alterar ciertas proteínas, contribuyendo así al deterioro general que acompaña al envejecimiento.

A medida que envejecemos, nuestras células y tejidos van experimentando cambios que llevan al deterioro y muerte del organismo. Las células pierden eficacia y capacidad para reparar el material dañado; simultáneamente, los tejidos van ganando en rigidez. Por dar un ejemplo: los pulmones y el músculo del corazón se expanden menos eficazmente, los vasos sanguíneos se endurecen y los ligamentos y tendones se tensan. Los ancianos tienen también mayor predisposición a desarrollar cataratas, aterosclerosis y cáncer, entre otras enfermedades.

Pocos investigadores atribuirían esos efectos diversos a una sola causa. Pero nosotros hemos descubierto que hay un proceso muy conocido, utilizado en la decoloración y el endurecimiento de alimentos, que podría contribuir al deterioro de las células y de los tejidos que acompaña a la edad. Se trata de la unión química de la glucosa con las proteínas (y, según hemos descubierto, con los ácidos nucleicos). La unión enzimática de la glucosa con las proteínas se produce en un sitio específico, sobre una molécula determinada y para un fin concreto. Por el contrario, el proceso no enzimático añade glucosa al azar sobre cualquiera de los sitios que se ofrecen a todo lo largo de cualquier cadena polipeptídica.

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