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1 de Enero de 1998
Apoptosis

Suicidio celular

Una célula está siempre en capilla. Su pervivencia depende de las señales que reciba de su entorno y se producen consecuencias patológicas diversas cuando estos mecanismos comunicativos no funcionan bien.

Mientras usted lee este artículo, las células de su cuerpo se mueren a millones. Pero no se asuste, la mayoría se autosacrifican para que usted sobreviva. Investigaciones recientes indican que la salud de todos los organismos pluricelulares, incluidos los seres humanos, depende no sólo de que el cuerpo sea capaz de producir nuevas células, sino también de que sus células puedan autodestruirse cuando no sirven para nada o sufren una alteración. Este proceso crítico, que ahora se denomina apoptosis, o muerte celular programada, pasó inadvertido durante décadas. Pero en los últimos años los biólogos han realizado notables progresos en el conocimiento de cómo se lleva a cabo y controla el suicidio celular.

La motivación de muchos investigadores es doble. Por una parte, la curiosidad científica y, por otra, el deseo de combatir algunas de las enfermedades más temidas. La regulación aberrante de la apoptosis —que puede determinar un exceso o un defecto de suicidio celular— contribuye probablemente a patologías muy dispares, del cáncer a la artritis reumatoide pasando por el sida y la enfermedad de Alzheimer.

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