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1 de Abril de 1999
Física

La flecha del tiempo

¿Por qué nunca retrocede el tiempo? La respuesta no se encuentra al parecer en las leyes de la naturaleza, que apenas distinguen entre pasado y futuro, sino en las condiciones que imperaban en el universo primitivo.

Parece fácil distinguir entre el pasado y el futuro: mientras que la memoria conserva huellas del primero, no sabemos a ciencia cierta qué sucederá en el porvenir. Pero esta distinción desaparece de facto si los acontecimientos se consideran mediante las leyes más fundamentales de la física. El mundo intuitivamente percibido se extiende por el espacio y se "despliega" en el tiempo, pero a escala atómica es un continuo tetradimensional que los ocupa a ambos, espacio y tiempo. Asignamos significados especiales a un momento particular, el presente, al que consideramos como la cresta de una ola que transforma potencialidad en realidad de forma continua, dejando tras de sí un pasado inanimado. Pero la física microscópica no concede un status especial a ningún momento concreto y apenas distingue entre las direcciones del pasado y del futuro.

No es posible deshacerse de la concepción intuitiva de un mundo que se despliega temporalmente por el mero recurso de calificarla de subjetiva, ya que tiene manifestaciones objetivas evidentes en diversos fenómenos biológicos, geológicos y astronómicos, entre otros. Hay pruebas a su favor en los procesos fisiológicos que fundamentan la memoria, en los fenómenos del crecimiento, el desarrollo y la diferenciación de los organismos vivos y también en la evolución orgánica, proceso mediante el que la variación al azar y la selección natural han generado una inmensa y creciente variedad de seres vivos cada vez más complejos. La corteza terrestre registra las vicisitudes de 4500 millones de años de cambio evolutivo y las accidentadas superficies de la Luna, de Marte y de Mercurio preservan huellas cronológicas de duraciones parecidas. Las estrellas normales, las gigantes rojas, las supernovas y las enanas blancas representan las diferentes etapas del ciclo de vida de una estrella, mientras que la recesión de las galaxias lejanas induce a pensar que el universo sea el resultado de un proceso evolutivo, que empezase teniendo un estado enormemente denso y amorfo en un pasado remoto, pero no infinitamente distante.

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