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1 de Septiembre de 2007
Medicina

Función maligna de la inflamación

La inflamación crónica, una respuesta inmunitaria que se manifiesta en las cardiopatías, la enfermedad de Alzheimer y otros trastornos, constituye quizás una pieza clave del proceso cancerígeno

HYBRID MEDICAL ANIMATION/JEFF JOHNSON

En síntesis

Hasta hace poco, la oncología reducía a las alteraciones génicas la causa del cáncer.

En el curso de los últimos años, los expertos se han percatado de que un tumor en desarrollo recluta el componente inflamatorio del sistema inmunitario —que interviene en la cicatrización de heridas— para promover la carcinogénesis.

Una nueva generación de fármacos antiinflamatorios podría combinarse con la quimioterapia habitual. Se mantendrían confinados en un foco los tumores sólidos y los tejidos premalignos.

Hace más de 500 millones de años, un conjunto de enzimas y proteínas especializadas evolucionó para defender de los ataques externos a nuestros precursores. Si un microorganismo atravesaba el caparazón de algún animal del período Cámbrico, los elementos de ese primitivo sistema inmunitario ponían en marcha un ataque violento y coordinado contra el intruso (mediante la perforación de agujeros en sus paredes celulares, la emisión de toxinas químicas o, simplemente, la digestión y destrucción del enemigo entero). Tras haber acabado con los invasores, el batallón inmunitario empezaría a reparar las células atacadas o, en el caso de que estuviesen seriamente dañadas, eliminarlas.

Esa respuesta inmunitaria inflamatoria era tan eficaz que se ha conservado buena parte de la misma en el curso de la evolución. Compartimos, en efecto, numerosos genes inmunitarios con la mosca de la fruta y otros organismos inferiores. Vertebrados e invertebrados divergieron a partir de un antepasado común hace más de 500 millones de años.

Durante años, los inmunólogos han prestado escasa atención a ese rudimentario sistema inmunitario innato. Se centraban en el sistema inmunitario adaptativo, más avanzado: comanda los anticuerpos y otros tipos de armamento para que identifiquen y luego ataquen al intruso con una selectividad de la que carece el bronco sistema inmunitario innato.

Pero en los últimos quince años, la inmunidad innata ha saltado a la palestra. La inflamación, su característica distintiva, se considera una de las alteraciones omnipresentes en las enfermedades crónicas, una lista que, amén de la artritis reumatoide y la enfermedad de Crohn, incluye la diabetes, la depresión y trastornos con un índice de mortalidad elevado, como las cardiopatías y el accidente cerebrovascular. La presencia en esa lista de una tercera enfermedad mortal, el cáncer, ha sido objeto de intensa investigación en estos últimos diez años. La relación entre inflamación y cáncer se sitúa hoy en el centro de atención.

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