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1 de Abril de 2009
Medicina

Nanomedicina contra el cáncer

Si asociamos el organismo humano a un sistema de redes moleculares, los médicos podrían, llegado el caso, abordar los puntos conflictivos con técnicas nanométricas, hablemos del cáncer o de otras patologías.

JESSICA WEISMAN

En síntesis

El enfoque sistémico de la medicina asocia el cuerpo a una compleja red de interacciones moleculares que pueden medirse y modelarse para desentrañar las causas de enfermedades como el cáncer.

La medicina sistémica utiliza instrumentos miniaturizados hasta el extremo; con un gasto mínimo, miden y manipulan moléculas.

Las terapias de escala nanométrica aplican tratamientos dirigidos con precisión a tumores, al tiempo que evitan incidir en tejidos sanos.

Antes de una sesión en el gimnasio o de tomar un pastel en una fiesta, los diabéticos pueden utilizar un medidor portátil de glucosa en sangre y ajustar su alimentación o la dosis de insulina para prevenir repentinas subidas o bajadas de azúcar. Estos económicos instrumentos permiten controlar la glucemia a lo largo del día mediante un simple pinchazo en el dedo. Al que no sea diabético le parecerá enojoso, pero no ha conocido situaciones anteriores, cuando la diabetes entrañaba una seria amenaza y era mucho más ingobernable.

La calidad de vida hoy accesible a los diabéticos mediante técnicas sencillas y nada costosas que extraen información del propio organismo deja entrever todo lo que podría llegar a ofrecer la medicina: mayor capacidad de predicción y prevención, mayor ajuste a las necesidades individuales y mayor participación del paciente en el cuidado de su propia salud. De hecho, creemos que se avanza ya en esa dirección; en gran parte merced a técnicas nuevas que permiten adquirir y analizar con prontitud y poco gasto informaciones biológicas.

Una de las claves de semejante evolución médica reside en la extrema miniaturización alcanzada en las mediciones diagnósticas: basta una minúscula gota de sangre o células extraídas de tejidos patológicos.

Los nuevos instrumentos, construidos a escalas micrométricas y nanométricas, permiten manipular y medir moléculas en gran número con prontitud, precisión y, en último término, a costes insignificantes. Esta combinación de calidad y precio abre nuevos derroteros para el estudio y el tratamiento de enfermedades: el cuerpo humano puede ya contemplarse como un sistema dinámico de interacciones moleculares. Las mediciones sistémicas obtenidas de este modo se integran luego en modelos computacionales, que señalan la detección precoz de una anomalía. La combinación de estas observaciones con nuevas terapias apoyadas en la nanotecnia permitirá dirigir el tratamiento exclusivamente hacia esa alteración, evitándose graves efectos secundarios.

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