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1 de Enero de 2015
Medicina

Viroterapia contra el cáncer

En algunos pacientes oncológicos, los virus modificados para que destruyan células tumorales operan como un fármaco milagroso. Los esfuerzos actuales se centran en mejorar este logro.

El virus del herpes simple es uno de los que se está modificando genéticamente para infectar y destruir células tumorales y, en algunos casos, impulsar la respuesta inmunitaria contra la enfermedad. [SCIENCE SOURCE]

En síntesis

Algunos virus modificados genéticamente podrían infectar y destruir tumores humanos sin causar daños apreciables en los tejidos sanos.

Una vez en el interior de un tumor, estos virus «oncolíticos» se replican profusamente y dan lugar a un ejército de clones víricos con capacidad de buscar e infectar nuevas células cancerosas.

Se está investigando casi una docena de virus en seres humanos, bien como terapias individuales o en combinación con otros tratamientos ya existentes; algunos se hallan en las fases finales de los ensayos clínicos.

Al principio se intentaba reprimir la respuesta inmunitaria para que los virus tuvieran tiempo de actuar contra las células cancerosas antes de que fueran atacados como elementos extraños. Hoy en día, la estrategia es otra: se intentan obtener virus transgénicos que empujen al sistema inmunitario a combatir el tumor.

En 1904, una mujer italiana tuvo que enfrentarse a dos sucesos que pusieron en riesgo su vida: el diagnóstico de cáncer de cérvix uterino y, después, la mordedura de un perro. Tras recibir la vacuna de la rabia, su enorme tumor se desvaneció («il tumore non esisteva più»). La mujer vivió sin cáncer hasta 1912. Poco después, esta vacuna (un virus de la rabia atenuado) se administró a otras pacientes italianas con el mismo tipo de cáncer. Tal y como publicó Nicola De Pace en 1910, el tamaño de los tumores de algunas de ellas se redujo, probablemente porque el virus, de alguna manera, había suprimido el cáncer. Sin embargo, al final todas recayeron y terminaron muriendo.

Aunque las pacientes fallecieron, surgió la idea de que se podía tratar el cáncer con virus que destruyeran las células malignas, una estrategia que hoy se denomina viroterapia oncolítica. Los investigadores obtuvieron cierto éxito con animales de laboratorio. Sin embargo, durante mucho tiempo, en los ensayos clínicos con humanos solo se lograron respuestas parciales y alguna que otra curación, un hecho que, sin duda, ha contribuido a que esta línea de investigación quedara relegada a un segundo plano. La viroterapia contra el cáncer se ha enfrentado además a otros obstáculos: la incertidumbre en lo relacionado con sus mecanismos y con la manipulación de los virus para lograr la curación, la escasez de herramientas con las que obtener cepas víricas más eficaces y la reticencia habitual de los médicos a infectar con patógenos a los pacientes. Los médicos preferían utilizar fármacos tóxicos (quimioterapia) en lugar de los microorganismos, sobre todo porque estaban más familiarizados con ellos y porque los conocían mejor.

El panorama actual ha cambiado mucho. Desde principios de los años noventa del siglo XX, los investigadores, dotados de un conocimiento más profundo del cáncer y de los virus, y equipados con métodos para manipular los genes, comenzaron a descubrir los detalles sobre cómo atacan los virus a las células cancerosas. También empezaron a diseñar técnicas para alterar los genes de los virus, con el fin de potenciar su capacidad para combatir el cáncer y evitar que provocaran efectos indeseados.

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