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1 de Septiembre de 2003
Ecología

Mares esquilmados

La sobrepesca ha reducido radicalmente las poblaciones de peces, en particular las de las grandes especies depredadoras, hasta un mínimo nunca visto.

Jean Gaumy Magnum

El banco Georges (el retazo de océano, un tanto somero, que se encuentra frente a las costas de Nueva Escocia) rebosaba antaño de peces. Textos del siglo XVII cuentan que enormes cardúmenes de bacalao, salmón, lubina estriada (Morone saxatilis) y esturión rodeaban las barcas. Hoy en día, las cosas son muy distintas. Barcos arrastreros que remolcan redes de arrastre del tamaño de campos de fútbol han esquilmado el fondo; con la pesca de cada día, se llevan además ecosistemas enteros y sustratos de mantenimiento, como las esponjas. Más arriba, en la columna de agua, palangres y redes de deriva pescan los últimos tiburones, peces espada y atunes. Las capturas de estas especies comerciales se están reduciendo, y el tamaño de los peces que se extraen es cada vez menor; un gran número son pescados antes incluso de que hayan tenido tiempo de madurar. El fenómeno no se restringe al Atlántico Norte, sino que afecta a todo el globo.

Muchos tienen la impresión equivocada de que la contaminación es la causa de que se diezmen las especies marinas. A otros les costará creer que exista siquiera escasez, porque todavía ven que las pescaderías rebosan de merluzas negras, bacalaos antárticos (Dissostichus eleginoides) y filetes de atún. ¿Por qué razón se considera que la pesca comercial apenas si afecta a las especies capturadas? Sospechamos que esta percepción es una reliquia de otra época, cuando la pesca consistía en una ardua lucha por arrancar de un mar hostil el sustento con barcas minúsculas y artes elementales.

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