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1 de Mayo de 2013
Evolución humana

Los orígenes de la creatividad

Nuevas pruebas del ingenio de nuestros antepasados obligan a reconsiderar el momento en que estos empezaron a pensar con inventiva.

DAVID PALUMBO

En síntesis

Durante mucho tiempo se ha pensado que la creatividad de los humanos primitivos apenas se manifestó hasta hace 40.000 años, cuando su capacidad para la innovación pareció dispararse.

Pero algunos descubrimientos arqueológicos realizados en los últimos años han demostrado que nuestros ancestros tuvieron destellos de brillantez anteriores a esa fecha.

Tales hallazgos indican que la capacidad humana para la innovación se desarrolló a lo largo de cientos de miles de años gracias a diferentes factores biológicos y sociales.

Sin firma ni fecha, el número de inventario 779 cuelga detrás de un grueso cristal en la iluminada Sala de los Estados del Louvre. Excepto los martes, en que el museo está cerrado, todas las mañanas poco después de las nueve, parisinos, turistas, amantes del arte y curiosos empiezan a desfilar por la sala. Sus murmullos se mezclan como el zumbido de un enjambre, algunos estiran el cuello para ver mejor y otros alzan los brazos fugazmente para tomar fotos con el móvil. Pero la mayoría se inclina hacia delante y una mirada de asombro ilumina su rostro mientras contemplan una de las creaciones más famosas de la humanidad: la Mona Lisa de Leonardo da Vinci.

Realizada a principios del siglo XVI, la obra posee una belleza misteriosa y mística que ningún otro retrato anterior había sabido recoger. Para pintar el cuadro, Leonardo, quien en una ocasión escribió que le hubiera gustado «hacer milagros», empleó una nueva técnica artística que él denominó sfumato, o difuminado. Durante varios años aplicó, tal vez con la delicada punta de su dedo, diferentes capas de pintura muy finas y translúcidas, algunas no más gruesas que un glóbulo rojo de la sangre. A medida que superponía unas 30 capas, una detrás de otra, Leonardo fue suavizando las líneas y las gradaciones de colores hasta que la escena pareció quedar detrás de un velo de humo.

Sin duda, la Mona Lisa es obra de un genio de la invención, una creación que se sitúa al lado de la música de Mozart, las joyas de Fabergé, la coreografía de Martha Graham y otros grandes clásicos. Pero estas obras famosas constituyen solo manifestaciones magníficas de un rasgo que durante largo tiempo ha formado parte de nuestro acervo: la capacidad de crear algo nuevo y beneficioso, el don de mejorar continuamente los diseños y las técnicas, desde los últimos coches sin emisiones de Japón hasta las elegantes naves espaciales en las plataformas de lanzamiento de la NASA. Para Christopher Henshilwood, arqueólogo de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, los humanos actuales somos inventores distinguidos que avanzamos y experimentamos con la tecnología de forma constante.

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