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En 1859, tras 20 años de estudios minuciosos y reflexiones, Darwin publicaba El origen de las especies. Esta obra no sólo revolucionó las ciencias de la vida, sino que reveló también al hombre su humilde lugar entre los seres vivos. Si bien la idea de la evolución estaba ya en el ambiente desde hacía tiempo, Darwin le dio la forma de una teoría elaborada, apuntalada sobre una idea revolucionaria: la selección natural. Según ésta, los organismos se modifican de generación en generación para formar, en una larga escala de tiempo, nuevas especies. Asimismo, la selección natural, que garantiza la supervivencia y la muerte de los individuos, es responsable de la desaparición de las especies y de formas enteras de vida. El concepto, simple y poderoso, no deja indiferente. Las reacciones son numerosas: debates vehementes, polémicas, interpretaciones y transformaciones, que han persistido hasta nuestros días.

En la misma Inglaterra colonialista en que los esclavos fueron proclamados iguales que los súbditos de su Majestad británica y en una nación impregnada de cultura bíblica donde se cuestionó el dogma de la Creación, un caballero rural sin cargo universitario revolucionó nuestra concepción del mundo. Inglaterra era entonces un país de contrastes, donde el conservadurismo reinante tenía el mérito de conservar... la libertad de pensamiento.

Seguiremos la trayectoria de Darwin paso a paso, en los hechos afortunados que permitirán la maduración de sus ideas, la metamorfosis del estudiante mediocre de la burguesía victoriana. Acompañaremos al naturalista paciente y meticuloso en su periplo con el Beagle, la "oportunidad de su vida". Viaje que inspiró su larga reflexión hacia una visión del mundo difícil de aceptar. Por fin, entenderemos los orígenes y el propósito de la más bella teoría de la historia natural.

Una cita extraída de El hombre sin atributos, de Robert Musil, nos guiará en nuestra exploración:

"No tienes más que representarte lo que ocurre en nuestros días: cuando un hombre importante lanza una idea nueva al mundo, ésta se convierte inmediatamente en objeto de división; despierta simpatías y antipatías. Al principio, los admiradores arrancan de ella grandes trozos para su conveniencia y analizan a conciencia a su maestro como los zorros desmenuzan la carroña; después, los adversarios anonadan sus pasajes débiles, de modo que de la obra ya no queda más que un conjunto de aforismos que amigos y enemigos aprovechan a su agrado. Le sigue una ambigüedad general. No existe un Sí que no vaya acompañado de un No. Hagas lo que hagas, hallarás siempre veinte ideas nobles a favor y otras veinte en contra. Uno estaría tentado de creer que sucede como en el amor, el odio y el hambre, donde los gustos deben ser distintos para que cada cual pueda tener el suyo."

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