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Conocimiento congénito

En los niños encontramos núcleos germinales del pensamiento adulto.

Si habiendo sido ciego durante toda la vida, pudiera uno de repente ver, ¿sería capaz de discernir en la visión inmediata los objetos que ya conocía mediante el tacto y distinguir, por ejemplo, un cubo de una esfera? ¿Le parecerían las flores y los rostros igual que los que había tocado, o todo serían para uno confusas formas? ¿Cómo empezaría a percatarse del significado de los múltiples objetos de su visión inmediata? Si al nacer no tenemos ningún conocimiento, ¿cómo llegamos a adquirirlo?

Elizabeth Spelke, de la Universidad de Harvard, centra estas cuestiones en los bebés, que podrían ser los que aportaran las respuestas idóneas. Spelke trata de elucidar algunos de los oscuros misterios del conocimiento humano interrogando a niños que aún son incapaces de hablar, de andar e incluso de gatear. Observando a los pequeños "voluntarios" sentados en el regazo de sus madres, Spelke y su equipo se empeñan en identificar la primera intelección de números, lenguaje, objetos, espacio y movimiento.

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