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Neurorretroalimentación

Se espera que este sistema de ejercitación cerebral permita extraer el máximo rendimiento cognitivo a los pacientes con epilepsia, síndrome de hiperactividad con déficit de atención y depresión.

En la pantalla azul se ve la punta triangular roja de una flecha. Poco después asoma por la izquierda el morro de un avión. Si la flecha señala hacia arriba, Benito tendrá que elevar el aeroplano; si lo consigue, verá un sol radiante. Aunque pudiera parecer un ciberjuego de los años ochenta, lo que en realidad está realizando el niño de las imágenes, a su ocho años, reviste un interés que trasciende lo lúdico. De hecho no se vale de ninguna palanca o ratón al uso, sino que porta varios electrodos aplicados al cuero cabelludo. Benito controla el aeroplano con su cerebro.

Con otros niños Benito acude al Instituto de Psicología Médica de la Universidad de Tubinga, para someterse a un proceso de neurorretroalimentación de los potenciales eléctricos que acompañan a cualquier actividad del cerebro. En este método basado en la electroencefalografía, las señales se transmiten a través de los electrodos, computadas por un programa informático especial y almacenadas con una demora mínima. El movimiento del avión otorga a Benito, en suma, una información directa de lo que pasa por su cabeza. Gracias a la retroalimentación, los niños aprenden a modificar selectivamente determinados parámetros de su actividad cerebral.

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