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Gigantescas cataratas oceánicas

Las cataratas submarinas, cuyo salto supera el de la mayor cascada y su caudal el de cualquier río, desempeñan un papel crucial en el mantenimiento de la química y el clima de las profundiades oceánicas.

Los aficionados a trivialidades saben que las cataratas del Angel, en Venezuela, con una altura de poco menos de un kilómetro, constituyen el salto de agua más alto del mundo, y que las cataratas de Guaira, a lo largo de la frontera entre Brasil y el Paraguay, llevan el mayor caudal medio: aproximadamente 13.000 metros cúbicos por segundo. Pero los aficionados a trivialidades no se han sumergido bajo el estrecho de Dinamarca. Allí, una inmensa cascada de agua —una catarata oceamca gigante— transporta cinco millones de metros cúbicos de agua por segundo, a lo largo de una caída de 3,5 kilómetros, dejando enanas a las cataratas del Angel en altura y a las de Guaira en caudal. El mismo río Amazonas, que vierte 200.000 metros cúbicos de agua en el Atlántico cada segundo, palidece ante la catarata del estrecho de Dinamarca. Y mientras que las mayores cataratas continentales constituyen un componente sin importancia en el balance climático terrestre, las cataratas gigantes desempeñan un papel vital para determinar la temperatura y la salinidad de las profundidades oceánicas.

Los oceanógrafos han comenzado a investigar con seriedad las cataratas oceánicas en los últimos 20 años. Esos accidentes son un resultado directo del proceso de convección, el transporte de calor por el movimiento de masas con- siderables de fluido. Podemos asociar el océano a una artesa de agua de escasa profundidad, que está expuesta al Sol por un extremo (los trópicos), pero no por el otro (las altas latitudes). El agua fría cerca del polo es la más densa; por tanto, tiende a descender en forma de corriente convectiva hacia el fondo de la artesa. Desde allí se extiende hacia las latitudes templadas, desplazando encima de ella el agua más caliente. Esta, por tanto, comienza a ascender en un suave afloramiento, que ocurre, tal se cree, en casi todas partes del océano. Como las capas más calientes impiden el movimiento hacia arriba de las más frías del fondo -de igual manera que la inversión térmica de Los Angeles aprisiona aire frío bajo aire cálido-, el afloramiento se caracteriza por una extrema lentitud. Al mismo tiempo, el agua fría se calienta por contacto con las capas más altas de encima.

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