Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Mayo de 2015
Cambio climático

¿Cómo afecta a las islas la subida del mar?

Usar la isla de Kiribati como símbolo de la devastación causada por el ascenso del nivel del mar no solo lleva a error, quizás hasta resulte perjudicial.

En las angostas y exuberantes islas del atolón de Tarawa vive y trabaja la mitad de la población de Kiribati. [CLAIRE MARTIN, INSTITUTE]

En síntesis

Países y agencias de ayuda internacional están construyendo a toda prisa malecones y aplicando otras medidas para intentar salvar a las naciones insulares pobres ante la subida del nivel del mar. Pero hay islas que no están inundándose, incluso puede que estén elevándose como resultado de procesos ecológicos naturales.

Las prisas por hacer un bien, la falta de preparación científica en las islas y la escasa reticencia de los nativos ante las ideas de los extranjeros han dado lugar a unos proyectos de adaptación deficientes.

Se necesita un mayor conocimiento científico y cultural para concebir la solución que más convenga a las naciones insulares ante la amenaza del cambio climático, como formas de reubicar con dignidad a las personas.

Solo tres días antes de terminar una larga prospección científica, asistí por fin al fenómeno que me había empujado a viajar a través de medio mundo. Constaté la subida del nivel del mar.

Soplaba un temporal del noroeste en la laguna casi siempre en calma del atolón de Tarawa, la capital de Kiribati. Esta nación insular del Pacífico es hoy símbolo de los lugares con mayor probabilidad de acabar sumergidos a causa del cambio climático y el ascenso del nivel del mar. Aquella tarde, con la marea alta, las olas rompían malecones, inundaban carreteras y anegaban casas a lo largo de las muy pobladas islas de Tarawa Sur.

Como los demás extranjeros que llegamos al aeropuerto internacional de Bonriki, con los dientes aún apretados tras aterrizar en una pista que se extiende de costa a costa, esperaba observar fácilmente los efectos del cambio climático en un remoto país en vías de desarrollo que carece del dinero y de los conocimientos necesarios para adaptarse. La mar tan alta parecía confirmar mi hipótesis. Ese mes del año 2005, el mareómetro señaló por primera vez una altura de más de tres metros con respecto al valor de referencia. El futuro había llegado.

Este año se cumple el décimo aniversario de la primera de mis visitas a Kiribati, que después han acabado por sucederse con regularidad. En ellas investigo de qué forma se están adaptando las islas y sus habitantes a los cambios de la atmósfera y del océano. A lo largo de este último decenio, el país, que ni aparecía en las bases de datos de mi agencia de viajes, ha adquirido fama internacional. Sin embargo, el mareómetro no ha vuelto a marcar los tres metros de altura.

No nos equivoquemos. Kiribati y otros países insulares, como Tuvalu, las islas Marshall y las Maldivas, corren peligro por el aumento del nivel del mar. El sentimiento mundial de que «hay que salvar Kiribati» y el dinero invertido para ese fin han crecido muchísimo. Pero tras presenciar la realidad sobre el terreno, he comprobado que parte de la respuesta internacional está mal concebida y podría hacer más mal que bien.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.