Hipertensión en los afroamericanos

De la hipertensión arterial común entre los americanos de origen africano suele culparse a los genes. Ocurre, sin embargo, que, en Africa, tal hipertensión no se da. Nos encontramos ante un ejemplo óptimo de interacción entre genoma y entorno.

Casi todos los norteamericanos experimentan, con los años, un incremento persistente de la presión sanguínea. Cerca de una cuarta parte rebasa el dintel de hipertensión, término con el que nos referimos a una elevación crónica de la presión sanguínea. Esta afección contribuye de forma silenciosa a la enfermedad cardíaca, al ictus y a la insuficiencia renal; se la relaciona con unas 500.000 muertes anuales. La situación es más acuciante entre los afroamericanos: el 35 por ciento de ellos padece hipertensión. La afección, particularmente letal en esta población, se halla implicada en el 20 por ciento de las muertes entre los negros, una cifra que dobla la de los blancos.

La explicación al uso de esta disparidad entre negros y blancos atribuye a las personas de origen africano una ''proclividad intrínseca'' hacia la presión sanguínea elevada, en virtud de una genética vagamente definida. Semejante juicio, amén de no corresponderse con los datos observados, resulta inquietante. Deriva, en efecto, de una actitud ante las razas muy arraigada en la investigación en salud pública; prevención que, a veces, lleva a interpretaciones reduccionistas, al destacar la importancia de los rasgos raciales o genéticos. La raza se convierte en causa de la enfermedad, cuando en realidad se trata de una característica que engloba muchas otras variables que influyen en el desarrollo de la enfermedad, como por ejemplo las relacionadas con el nivel socioeconómico.

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